Durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial, la falta de higiene, el hacinamiento y la escasez de recursos médicos propiciaron la propagación de diversas enfermedades que afectaron tanto a soldados como a la población civil.
Enfermedades más frecuentes
1. Gripe (Gripe española)
Primera Guerra Mundial: La pandemia de 1918‑1920, conocida como la gripe española, cobró millones de vidas en todo el mundo. Se extendió rápidamente en los campamentos militares y entre la población civil, interrumpiendo operaciones bélicas y provocando una alta mortalidad.
2. Fiebre de trincheras
Primera Guerra Mundial: Infección bacteriana transmitida por piojos, caracterizada por fiebre alta, cefalea intensa, dolor muscular y debilidad. Fue particularmente prevalente en las condiciones insalubres y abarrotadas de las trincheras, afectando a millones de soldados.
3. Fiebre tifoidea
Ambas guerras: Causada por la bacteria Salmonella Typhi a través de alimentos y agua contaminados. Provocaba fiebre alta, debilidad y síntomas gastrointestinales, con riesgo de complicaciones graves.
4. Malaria
Ambas guerras: Enfermedad parasitaria transmitida por mosquitos, predominante en frentes tropicales y subtropicales. Generaba fiebre, escalofríos, sudoración, anemia y una gran incapacidad para el combate.
5. Disentería
Ambas guerras: Infección intestinal frecuente por la falta de saneamiento y agua potable. Causaba diarrea severa, deshidratación y, en casos críticos, la muerte.
6. Tuberculosis (TB)
Ambas guerras: Infección respiratoria causada por Mycobacterium tuberculosis. Se propagaba en los barracones superpoblados, produciendo tos persistente, pérdida de peso y dolor torácico.
7. Neumonía
Ambas guerras: Infección pulmonar, a menudo una complicación de otras enfermedades respiratorias. La neumonía bacteriana, especialmente la neumonía neumocócica, era potencialmente mortal si no se trataba.
8. Enfermedades de transmisión sexual (ETS)
Ambas guerras: Sífilis, gonorrea y otras ETS se extendieron entre los soldados debido a la ruptura de normas sociales y al limitado acceso a atención médica, ocasionando problemas de salud a largo plazo.
El control y tratamiento de estas enfermedades se vio obstaculizado por el escaso conocimiento médico de la época, la ausencia de antibióticos eficaces, la falta de personal sanitario y las duras condiciones de guerra. Las medidas de salud pública, la mejora de la higiene y los avances científicos posteriores fueron esenciales para reducir su impacto.