1. Tratado de Versalles y auge del nacionalismo
Las duras condiciones impuestas a Alemania tras la Primera Guerra Mundial, especialmente el Tratado de Versalles, generaron resentimiento y un deseo de venganza entre la población alemana.
El nacionalismo y el militarismo se intensificaron bajo Adolf Hitler, quien llegó al poder en 1933 y adoptó una política expansionista agresiva.
2. Fracaso de la Sociedad de Naciones
La Sociedad de Naciones, creada después de la Gran Guerra para mantener la paz, demostró ser incapaz de resolver disputas internacionales y detener actos de agresión.
3. Política de apaciguamiento y el Acuerdo de Múnich
Para evitar un conflicto, Reino Unido, Francia e Italia siguieron una política de apaciguamiento, cediendo a las demandas alemanas.
El Acuerdo de Múnich de 1938, que permitió a Alemania anexar los Sudetes checos, es el ejemplo más conocido de esta estrategia, aunque no impidió futuras agresiones.
4. Expansión territorial alemana
Entre 1936 y 1939 Alemania tomó varias acciones agresivas: remilitarizó la Renania, anexó Austria (Anschluss) en 1938 y ocupó Checoslovaquia en 1939.
5. Pacto de no agresión germano‑soviético
En agosto de 1939, Alemania y la Unión Soviética firmaron el Pacto Molotov‑Ribbentrop, que incluía protocolos secretos para repartirse la Europa del Este.
6. Invasión de Polonia
El 1 de septiembre de 1939, Alemania invadió Polonia, desencadenando la declaración de guerra de Reino Unido y Francia, que habían garantizado la independencia polaca.
En conjunto, estos factores –el Tratado de Versalles, el nacionalismo extremo, el colapso de la Sociedad de Naciones, la política de apaciguamiento, la expansión alemana y el pacto germano‑soviético– provocaron el estallido de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939.