Reclamación disputada al trono francés
Eduardo III de Inglaterra afirmó su derecho al trono de Francia a través de su madre, Isabel, hija de Felipe IV. Sin embargo, la ley sálica, vigente en Francia, excluía a las mujeres de la sucesión, y Felipe VI, primo de Eduardo, accedió al trono tras la muerte de Carlos IV.
Disputas territoriales
Inglaterra poseía extensas posesiones en suelo francés, entre ellas el Ducado de Aquitania. El control y la administración de esos territorios fueron fuente constante de conflictos.
Rivalidad económica
Ambas coronas competían por rutas comerciales y mercados, especialmente en la industria de la lana, lo que incrementó la tensión entre ambos reinos.
Alianzas y enemistades
Inglaterra se alió con Flandes y con algunos nobles franceses descontentos con el gobierno de Felipe VI. Francia, por su parte, buscó apoyo en Escocia, Castilla y la Iglesia papal.
Prestigio dinástico y poder
Los reinos de Inglaterra y Francia eran potencias ambiciosas que buscaban ampliar su influencia y prestigio en Europa.
Ideales caballerescos
El auge de la caballería y los torneos convirtió la guerra en un escenario para que caballeros y nobles demostraran su destreza marcial y ganaran gloria.
En resumen, la Guerra de los Cien Años fue impulsada por una combinación de disputas territoriales, rivalidades dinásticas y la búsqueda de poder y prestigio entre Inglaterra y Francia.