Durante la guerra, la vida cotidiana sufrió cambios drásticos para adaptarse a las exigencias del conflicto. A continuación, se describen tres medidas que marcaron la rutina de la población.
Racionamiento de alimentos
Para garantizar el suministro suficiente para las tropas, el gobierno estableció un sistema de racionamiento. Cada familia podía adquirir una cantidad limitada de alimentos cada semana, lo que obligó a planificar las comidas y a buscar alternativas.
Apagones obligatorios
Con el objetivo de dificultar la localización de objetivos por parte de los bombarderos enemigos, se impusieron apagones nocturnos. Todos los hogares debían apagar luces y cubrir ventanas, creando una oscuridad total en las ciudades.
Evacuación de la población
Muchos civiles, especialmente niños, fueron trasladados de las áreas urbanas a zonas rurales para protegerlos de los bombardeos. Las familias se separaron temporalmente y se organizaron albergues en el campo.