historia historica

Espejo, cuéntame...

Es difícil imaginar un Renacimiento sin los espejos de vidrio. ¿Podría el hombre considerarse individuo si no pudiera ver su propio rostro? Los espejos de metal y el reflejo en el agua existían, pero fue el espejo de vidrio quien marcó una verdadera revolución.

Espejo, cuéntame...

Una dama en el tocador con una criada sosteniendo un espejo. Manuscrito inglés, c. 1325‑1335.

Los espejos de vidrio cambiaron la percepción del individuo y sentaron las bases del humanismo y del individualismo.

Los espejos de metal en la Edad Media

Durante la Baja Edad Media los espejos de metal heredaron la tradición clásica, diversificando sus formas pero sin introducir novedades. Eran objetos de lujo, reservados a la nobleza y a la corte. Las damas llevaban pequeños espejos de bolsillo, colgados del cinturón o del cuello. Incluso en los primeros siglos se fabricaron espejos de plata muy ornamentados, como el que el Papa Bonifacio IV regaló a la reina de Northumbria, Etelberg. Sin embargo, estos reflejaban sólo la silueta del observador y no ofrecían la claridad de los espejos que conocemos hoy.

El surgimiento de los espejos de vidrio

En el siglo XV la producción de espejos de vidrio se volvió más frecuente. En Alemania se fabricaban los Ochsenaugen ("ojos de buey"), pequeñas lentes convexas hechas con esferas de vidrio recubiertas de una aleación de estaño, antimonio y resina. No eran perfectos, pero su bajo coste y su fácil fabricación los popularizaron. Al mismo tiempo, en Cracovia aparecieron espejos redondos de vidrio soplado, y en los Países Bajos se empezaron a colgar grandes espejos de pared, una moda que alcanzaría su apogeo en el Renacimiento.

Espejo, cuéntame...

Espejo de mano representado en una pintura del inicio del siglo XVI.

Primeras fábricas y técnicas

Ya en 1383 existía un gremio de artesanos fabricantes de espejos de vidrio en Nuremberg. En Italia, casi un siglo antes, los artesanos de Murano (Venecia) dominaban la técnica de recubrir vidrio con una capa de plomo. Dante Alighieri, en su Divina Comedia (1308‑1321), alude a este tipo de espejo. A mediados del siglo XIII, Vincent de Beauvais describía los espejos de vidrio y plomo como los mejores porque "el vidrio, por su transparencia, percibe mejor los rayos".

Influencia del mundo islámico

Investigaciones recientes indican que los primeros espejos de vidrio de la Edad Media se fabricaron en la España bajo dominio musulmán, entre los siglos X y XI. Textos árabes de la época mencionan espejos de vidrio recubiertos de metal, y es probable que la técnica haya llegado a Europa a través de estos contactos, antes de que los artesanos cristianos la adoptaran.

Los antecedentes romanos

La invención del espejo de vidrio se remonta al siglo I d.C., cuando los romanos de Sidón (actual Líbano) producían pequeños espejos de bolsillo de vidrio. Estos primeros ejemplos anticipan, en escala reducida, la moda que florecería en Alemania quince siglos después.

Fuentes

Bibliografía básica:

  1. Mieczysław Wallis, La historia del espejo y su papel en la cultura, Editorial de Arte y Cine, Varsovia 1973, pp. 31‑33.

Bibliografía complementaria:

  1. Kasem Ajram, El milagro de la ciencia islámica, Knowledge House Publishing, 1992.
  2. Mark Pendergrast, Mirror, Mirror: una historia del amor humano por el reflejo, Basic Books, 2004.
  3. Mirrors, en Medieval & Renaissance Material Culture.
  4. The Book of the Mirror. An Interdisciplinary Collection exploring the Cultural Story of the Mirror, editado por Miranda Anderson, Cambridge Scholars Publishing.