¿Qué despertaba la excitación en los antiguos griegos? Un recorrido por los gustos y creencias eróticas de la época, exclusivo para lectores adultos.
Los antiguos griegos también tenían sus propios fetiches. Los glúteos, tanto femeninos como masculinos, eran considerados extremadamente atractivos. Uno de los ejemplos más célebres es la estatua de Afrodita de Cnido, obra de Praxíteles.
"¡Oh Heracles, cuán bien formados están esos traseros! Redondos, perfectos para acariciar, con una musculatura equilibrada, ni demasiado marcada ni tan débil que se vean los huesos. Dos hoyuelos a cada lado del lomo sonríen al observador", celebraba un poeta del siglo II d.C.
No es de extrañar que algunos jóvenes, al contemplar la estatua, dejaran marcas poco decorosas en la pierna de la diosa.
El protagonismo de los glúteos
En la literatura de Luciano de Samósata, su héroe comenta a su amante: "¡Qué elegante, preciosa Palestro, cómo se mueve tu trasero al ritmo del cántaro! Al verte, mis entrañas se tensan".
El retórico griego Alcifrón, del siglo II d.C., describe una competencia entre Tryallis y Myrrina por el trasero más atractivo. Myrrina, al desabrochar su diadema, exhibe una falda de seda que deja al descubierto unos glúteos que «temblaban como leche cuajada», provocando suspiros de deseo entre los presentes.
Este artículo forma parte de la investigación para el libro "Épocas de la desvergüenza: sexo y erotismo en la Antigüedad" (CiekawostkiHistoryczne.pl, 2018).
En otro pasaje, Tryallis, al despojarse de sus ropas, elogia la frescura de la piel y los «encantadores hoyuelos de sus glúteos». Su movimiento hace que todo su cuerpo se estremezca, deleitando a los presentes. La anécdota revela tanto la imaginación masculina de la época como el papel de las cortesanas en la vida social.
Pechos y extremidades
Contrario a la percepción actual, los pechos grandes no eran necesariamente admirados; a menudo se los ridiculizaba. Sin embargo, cualquier tamaño despertaba curiosidad. Según la sabiduría astrológica del sacerdote egipcio Manetón, los hombres nacidos bajo la conjunción de Venus, Mercurio y Saturno sentían placer al estimular entre los pechos femeninos.
Los historiadores también han estudiado la representación del pene en vasijas y esculturas. Al comparar sus dimensiones con las de los cuerpos actuales, se han obtenido conclusiones inesperadas.
Los griegos valoraban especialmente la parte posterior del cuerpo femenino. La ilustración muestra un fragmento de una vasija griega que destaca este interés.
En la antigüedad, el pene considerado ideal era relativamente pequeño. Figuras grotescas, como las de los sátiros, recibían representaciones desproporcionadas, quizá por convención artística, pero también como reflejo de ciertos deseos.
Fantasías masculinas y la menstruación
Los hombres de la época tenían una imaginación fértil respecto a la menstruación. Creían que una mujer menstruante poseía una fuerza tanto fértil como letal: tocarla podía transformar el vinagre en vino, embotar cuchillas o provocar óxido. Por ello, evitaban el cunnilingus por temor a entrar en contacto con esa supuesta sustancia mortal.
Conclusión
El texto fue elaborado durante la redacción del libro "Épocas de la desvergüenza: sexo y erotismo en la Antigüedad".