Contexto de la invasión
En 1797, durante la primera coalición contra Francia, el Directorio parisino planeó una incursión subversiva contra Gran Bretaña para exportar la revolución. Tras el fracaso de una expedición a Irlanda, se decidió atacar Gales.
La Legión Negra
El contingente, llamado Legión Negra, estaba compuesto por unos 1.400 hombres: 800 criminales, desertores y ex‑realistas, y 600 soldados regulares enviados por Bonaparte. El mando de la operación terrestre quedó a cargo del coronel William Tate, un irlandés‑americano que había luchado contra los británicos en la Guerra de Independencia de EE. UU.
El desembarco en Fishguard
El 22 de febrero de 1797 la flota francesa zarpó de Camaret y, al no poder llegar a Bristol, se dirigió a la bahía de Cardigan. Allí, cerca de Fishguard, los franceses desembarcaron en la playa de Carreg Wastad. Se descargaron 17 barcos con 47 barriles de pólvora, 50 toneladas de cartuchos, granadas y unos 2.000 mosquetes.
Aunque una de las embarcaciones se hundió arrastrando cañones, la operación se consideró un éxito inicial y los oficiales regresaron a Francia con informes favorables.
Falta de ánimo y el desorden
Una vez en tierra, la tropa mostró poco entusiasmo por combatir; la mayor parte de los soldados buscaba provisiones y comenzaron a saquear la zona, incluso una iglesia local. El botín incluía vino de un barco portugués encallado.
La respuesta local y el engaño
Los habitantes de Fishguard, liderados por el coronel local Sir John Cawdor, organizaron una defensa improvisada: 250 milicianos, 300 reservistas, 150 marineros y algunas piezas de artillería.
Una figura destacada fue Jemima Nicholas, zapatera del pueblo, que armada con un horcón y acompañada de su perro capturó a varios franceses.
Al atardecer, los británicos se acercaron, pero en lugar de atacar decidieron esperar. Mientras tanto, Cawdor solicitó la rendición incondicional a Tate.
El papel de las mujeres galesas
Al amanecer del 24 de febrero, miles de mujeres y niños galeses, vestidos con sombreros negros y pañuelos rojos que recordaban los uniformes británicos, se presentaron en las calles. Su número multiplicó la percepción de fuerza de los defensores y, aunque el efecto fue más bien accidental, logró el objetivo: Tate firmó la rendición incondicional.
Dos barcos franceses fueron capturados y la mayor parte de los prisioneros fueron liberados en los años siguientes. Tate regresó a Francia, convirtiéndose en el único comandante que logró desembarcar en suelo británico.
Conclusión
El episodio de Fishguard demuestra cómo la ilusión y la improvisación pueden cambiar el curso de una operación militar, convirtiendo un fracaso potencial en una victoria simbólica para los británicos.