Ricardo Corazón de León gobernó Inglaterra sólo diez años, pero quedó en la historia como un gran comandante, vencedor del invencible Saladino y protagonista de un rescate astronómico.
Ascendió al trono en julio de 1189 y, menos de un año después, ya participaba en la Tercera Cruzada. Destacó en la toma de Akka y, el 7 de septiembre de 1191, su ejército derrotó a Saladino en la batalla de Arsuf.
Sin embargo, su regreso a casa estuvo marcado por la captura y un rescate que se convirtió en una verdadera montaña de plata.
Tras la toma de los puertos de Ascalón y Jaffa, Ricardo no logró la conquista de Jerusalén y, en octubre de 1192, firmó una tregua con Saladino que garantizaba el paso de peregrinos cristianos.
Ten cuidado a quién haces enemigo
El viaje de regreso del rey estuvo plagado de problemas. Durante la cruzada se enemistó con el príncipe de Austria, Leopoldo V de Babenberg, a quien insultó al repartir los botines de Akka.
Una tormenta hundió su barco. Ricardo sobrevivió y, disfrazado de templario, buscó ayuda del duque de Sajonia, Enrique el León. Para llegar al duque tuvo que atravesar tierras aledañas a Leopoldo, pero fue reconocido, capturado y entregado al emperador Enrique VI.
Un rescate verdaderamente real
El emperador fijó inicialmente una demanda de 100.000 marcas de plata; poco después la aumentó a 150.000 marcas, alegando que Ricardo apoyaba a sus enemigos. Esa suma equivalía a unas £100.000 de la época.
Para ponerlo en perspectiva, los ingresos anuales del rey de Inglaterra antes de 1194 eran menos de 12.000 libras. El rescate representaba, pues, el total de los ingresos de la corona durante ocho años.
Para reunir el dinero, la reina Leonor de Aquitania impuso impuestos extraordinarios: los grandes terratenientes entregaron el 25 % de sus ingresos, los caballeros menos acomodados pagaron en libras y se tocaron también los bienes eclesiásticos.
Aun con esas medidas, la recaudación tardó un año y medio y sólo se lograron 100.000 marcas. Finalmente, en 1194, Enrique VI liberó a Ricardo tras recibir dos tercios del rescate y cientos de rehenes de familias poderosas que garantizarían el pago del resto.
Según distintas fuentes, el rescate total equivalía a entre 25 y 35 toneladas de plata. Dan Jones, en su libro *Templarios: el auge y la caída de la Orden de los Guerreros Sagrados*, afirma que esa cantidad «casi cubría el coste de organizar toda la cruzada» y que «pronto se destinó a la conquista de Sicilia».
Comparaciones que asombran
Un siglo y medio después, Casimiro el Grande pagó al rey checo Juan de Luxemburgo alrededor de tres toneladas y media de plata por renunciar al trono polaco, lo que equivale a «veinte castillos magníficos o sesenta pueblos», según Kamil Janicki.
En la Edad Media la plata era mucho más valiosa que hoy; los descubrimientos geográficos y la masiva importación de metales preciosos del Nuevo Mundo la devaluaron siglos después.
Para poner los números en perspectiva moderna, el historiador David Boyle calculó en 2005 que el rescate de Ricardo equivaldría a unos dos mil millones de libras, es decir, más de 11 000 millones de pesos polacos de la actualidad.