La pandemia de coronavirus ha transformado la vida cotidiana en todo el planeta. La humanidad vive una situación sin precedentes, con miles de fallecidos y las organizaciones sanitarias en constante vigilancia.
Los gobiernos imponen medidas estrictas para frenar, en la medida de lo posible, la propagación de un virus “agresivo”. Con negocios cerrados y la vida en pausa, la palabra “cuarentena” se ha convertido en sinónimo de la normalidad actual.
¿De dónde proviene?
Su historia se remonta al año 1348. “Cuarentena” proviene del veneciano, variante de la frase italiana quaranta giorni (cuarenta días). Ese periodo era el tiempo de aislamiento obligatorio que se imponía a barcos y tripulaciones durante la epidemia de la Peste Negra.
Entre 1348 y 1353, una de las pandemias más devastadoras de la historia asoló Europa y Asia, dejando entre 100 y 200 millones de muertos y reduciendo la población mundial de 450 a entre 350 y 375 millones.
Los primeros registros oficiales datan de octubre de 1347, cuando naves genovesas procedentes del puerto de Kaffa, en el Mar Negro, arribaron a Messina (Sicilia) cargadas de enfermos y fallecidos, introduciendo la peste en Europa.
La enfermedad, combinada con la falta de saneamiento y de conocimientos médicos, se propagó rápidamente. Se manifestaba en dos formas: bubónica e pulmonar. A principios de 1348 ya había alcanzado el centro de Francia y, para ese mismo invierno, el sur de Inglaterra y los Países Bajos, reduciendo la población europea en un tercio.
El agente causante es la bacteria Yersinia pestis, originaria de Asia central. La teoría más aceptada sitúa su origen en las estepas de Mongolia, introducida por cruzados que regresaban del Oriente Medio, aunque también se ha sugerido una procedencia desde el norte de la India.
El uniforme de los médicos

Una de las imágenes más características de la época es el atuendo protector que usaban los médicos que atendían a los enfermos entre los siglos XIV y XVII.
La máscara, con forma de pico de ave, contenía hierbas aromáticas como menta, clavo, mirra, pétalos de rosa y lábdano, pues se creía que la enfermedad se transmitía por el aire y esas sustancias la neutralizaban.
El resto del vestuario era de cuero encerado, sin dejar al descubierto ni una pulgada de piel. Los ojos estaban protegidos por lentes rojas y llevaban un amplio sombrero de ala ancha para distinguirse del resto de la población.
Siempre portaban un bastón, que usaban para examinar al paciente sin tocarlo y, en ocasiones, para azotarlo, pues se pensaba que la peste castigaba a los pecadores.