En todas las exploraciones y campañas antiguas, el clima podía ser aliado o enemigo. Quienes conocían las condiciones atmosféricas, las corrientes marinas y los vientos los aprovechaban tanto para rutas comerciales como para operaciones defensivas y ofensivas.
El relato de Heródoto
En el tercer libro de sus Historias, Heródoto narra que Cambises, hijo de Ciro el Grande, emprendió la conquista del resto de África después de Egipto en 525 a.C. Planeó tres campañas: una hacia Cartago, otra a Siva y una tercera a Etiopía. Desde Tebas, donde acampaba, envió su flota a Cartago y una fuerza expedicionaria de 50 000 hombres a Siva con la orden de someter a sus habitantes y quemar el templo de Amón Zeus.
Según Heródoto (3.26), “cuando los persas partieron del oasis contra los amonitas, a mitad de camino una gran ventisca los sepultó bajo la arena, y así se perdieron”.
Escepticismo histórico
Desde entonces, ningún otro cronista aceptó la versión de Heródoto. ¿Cómo pudo un ejército de 50 000 hombres desaparecer sin que nadie más lo registrara? En abril de 1874, el egiptólogo alemán Heinrich Brugsch Bey abrió un debate sobre el tema en el Institut Égyptien.
Investigaciones arqueológicas
En 1933, el oficial británico Ornet Charles Wingate buscó sin éxito el ejército en el desierto occidental de Egipto. En 1977 se anunciaron supuestos hallazgos que resultaron ser un fraude. Entre 1983 y 1984, el periodista estadounidense Gary Chaifage dirigió una expedición financiada por Harvard, National Geographic y otras instituciones, recorriendo 100 km² entre los oasis de Bahréin y Siva, sin encontrar restos significativos.
Desde entonces, la mayoría de los arqueólogos dejaron el caso en el olvido, salvo los hermanos italianos Angelo y Alfredo Castiglioni, documentalistas. En 1996, mientras buscaban meteoritos de hierro cerca de Siva, descubrieron accidentalmente una vasija de barro medio enterrada y restos humanos en lo que parecía un refugio contra una tormenta de arena. Con un detector de metales hallaron una pulsera de plata, un pendiente de guerrero, cuentas de collar, la empuñadura de una espada de bronce y varias puntas de flecha, todos datados en la época de Cambises.
Los Castiglioni notificaron sus hallazgos al Servicio Geológico de Egipto, pero no recibieron respuesta. El Consejo Supremo de Antigüedades anunció una investigación que nunca se hizo pública y, cuando la prensa divulgó el hallazgo, el Consejo declaró que los hermanos no tenían permiso para excavar.
Otra hipótesis: la derrota en Dakhla
Olaf Kapper, profesor de arqueología en la Universidad de Leiden, propone una explicación distinta. Según él, el ejército no fue sepultado por la arena, sino derrotado en batalla en el oasis de Dakhla, donde las tropas del rebelde egipcio Petubasti III estaban atrincheradas. Kapper sostiene que el rey persa Darío I, tras sofocar la revuelta dos años después, atribuyó la derrota de Cambises a una tormenta de arena para preservar el prestigio del ejército persa.
Excavaciones de Kapper en Dakhla revelaron tablillas con el nombre de Petubasti y una fachada de templo que funcionó como fortaleza al inicio de la ocupación persa, lo que corroboraría su teoría.
Conclusión
Las investigaciones continúan y el misterio sigue abierto. Lo que parece claro es que la combinación del desierto y los ataques sorpresa de los opositores de Cambises diezmaron su ejército. Tras esta catástrofe, Cambises habría enloquecido, asesinado a sus parientes cercanos y puesto fin a su vida.