Contexto histórico
Las epidemias europeas —viruela, sarampión y fiebre amarilla— diezmaron tanto a las poblaciones indígenas de América como a los esclavos africanos traídos a las colonias portuguesas. La mortalidad masiva provocó una grave escasez de mano de obra para las plantaciones y las minas de oro.
Uso de mano de obra indígena
Ante la falta de trabajadores, los colonizadores portugueses comenzaron a capturar y forzar a los pueblos originarios de Brasil y de otras áreas bajo su dominio a trabajar en condiciones extremadamente duras, similares a las que vivían los esclavos africanos.
Los indígenas fueron obligados a laborar en los campos de cultivo y en las minas de oro, donde sufrían enfermedades, maltratos y explotación comparable a la de los africanos.
Una práctica extendida
Este recurso no fue exclusivo de Portugal; otras potencias europeas también recurrieron a la esclavitud indígena en América, África y Asia. La política de trabajo forzado perduró durante siglos, dejando secuelas devastadoras en las poblaciones originarias de todo el mundo.