Historia de África

¿Realmente está prohibido que los musulmanes representen a Mahoma?

Protestas formales, manifestaciones masivas, ataques. Publicar imágenes de Mahoma, sobre todo caricaturas, casi siempre provoca reacciones violentas entre los musulmanes. ¿Por qué? ¿La religión prohíbe realmente a los seguidores del Islam crear imágenes del Profeta?

En septiembre de 2005, el diario danés Jyllands‑Posten publicó doce retratos humorísticos de Mahoma, desatando una verdadera tormenta. Miles de personas protestaron en las calles de Copenhague y embajadores de países musulmanes intervinieron. La Liga Árabe condenó la publicación. Cuando el 1 de febrero del año siguiente los mismos dibujos fueron reimpresos por doce periódicos europeos, surgió una ola de protestas a nivel mundial.

¿Realmente está prohibido que los musulmanes representen a Mahoma?

De todos los profetas del Islam, Mahoma es el más famoso y reverenciado.

Una reacción aún más hostil recibió el artista sueco Lars Vilks, cuya caricatura mostraba al Profeta con cabeza de perro. Desde 2007, organizaciones terroristas como Al‑Qaida y Al‑Shabab lo han sentenciado a muerte. “Por eso Vilks vive rodeado de guardaespaldas armados, a los que él llama ‘sus chicos’”, comenta Niklas Orrenius, autor del informe “Disparos en Copenhague”.

¿Quién no puede ser pintado?

El conflicto alrededor de la imagen del fundador del Islam surge porque la mayoría de sus seguidores consideran su representación prohibida. Algunos grupos van más allá, rechazando cualquier forma de representar al ser humano en pintura o escultura. ¿De dónde proviene esta prohibición? No proviene del Corán.

¿Realmente está prohibido que los musulmanes representen a Mahoma?

Tras la publicación de los doce dibujos en 2005, Al‑Qaida sentenció a muerte a Lars Vilks.

“Contrario a lo que se suele escuchar, el Corán no condena formalmente las imágenes”, explica el teólogo e historiador religioso François Boespflug. Existen relatos que indican que Mahoma no se oponía a crear imágenes humanas; se dice que, al entrar en La Meca, salvó un fresco de María y Jesús. Nunca prohibió que se pintara su propio rostro, aunque subrayó que “solo es un hombre”.

Asimismo, el libro sagrado del Islam no prohíbe explícitamente la representación de Alá. En este aspecto, el judaísmo resulta más estricto: el Decálogo judío prohíbe crear imágenes de Dios.

Sin embargo, el Corán advierte contra los ídolos (asnam), es decir, objetos de adoración. Critica el culto a las imágenes, la idolatría que prevalecía en Arabia preislámica y, según el Profeta y sus sucesores, en otras religiones monoteístas.

Se temía que el apego excesivo a imágenes humanas condujera al pecado de shirk (idolatría), que atenta contra la base del Islam: la creencia en un solo Dios indivisible. Adorar a alguien o algo como a Alá socava esa doctrina.

Los musulmanes defienden esta convicción con mayor firmeza que muchos cristianos, que aceptan la veneración de Cristo y de los santos.

“Imágenes, perros y suciedad”

La tradición islámica, reacia a representar personas y animales, se basa en ciertos hadices críticos con la creación de imágenes de seres vivos. En ellos se encuentran dichos como “Los ángeles evitan los lugares donde hay imágenes, perros y suciedad”. La actividad artística puede interpretarse como una competencia con la creación divina, por lo que pintores y escultores serían blasfemos.

¿Realmente está prohibido que los musulmanes representen a Mahoma?

El debate sobre la representación de lo sagrado también ha existido en otras religiones, como el cristianismo, que vivió siglos de iconoclasia.

Esta interpretación radical no es universal entre los musulmanes; su alcance ha variado a lo largo de la historia. La hostilidad hacia todas las imágenes, incluso las de otras culturas, es sostenida solo por una minoría.

“La destrucción de imágenes de otras religiones, como la de los Budas en Bamiyán por los talibanes afganos en 2001, no es una práctica propia del Islam, aunque algunos líderes la hayan respaldado”, subraya Boespflug.

Desde sus orígenes, la tradición islámica prohíbe representar a Alá en el arte, una postura adoptada por todo el mundo musulmán.

“Para los musulmanes, Dios es único, sin semejante; solo puede describirse con su palabra, el Corán. No necesitan imágenes de santos como los cristianos”, explican las especialistas en arte islámico Sheila S. Blair y Jonathan M. Bloom.

¿Realmente está prohibido que los musulmanes representen a Mahoma?

En 2001, los talibanes destruyeron los Budas de Bamiyán, provocando una condena mundial. La foto muestra la estatua en 1963 (izquierda) y el nicho vacío hoy.

Boespflug añade que la prohibición también nace del temor a simplificar o aferrarse a una representación de Dios, algo que, según él, “daña más de lo que ayuda”.

¿Un profeta indescriptible?

¿Qué ocurre con Mahoma? La actitud hacia sus imágenes ha cambiado profundamente con los siglos. En los primeros períodos no eran tabú.

“Existen numerosas ilustraciones del Profeta en manuscritos mogoles, ilkanidas y otomanos”, afirma Wijdan Ali, experta en representaciones tempranas del Islam.

El cambio comenzó en la época moderna. “Desde el siglo XVI el Profeta nunca se muestra con la cara descubierta”, señala Ali. Ya en el siglo XVII, en el libro *Subḥat al‑Akhbār*, su cabeza está cubierta por un velo blanco; más tarde, incluso su figura desapareció por completo. Hoy dibujarlo resulta impensable para muchos.

¿Realmente está prohibido que los musulmanes representen a Mahoma?

El porqué de esta evolución se basa en los mismos argumentos antes citados: temor al idolatría y la creencia de que una representación humana no puede captar la esencia espiritual del Profeta.

Para un musulmán, el Profeta personifica al hombre ideal; sus cualidades temporales no pueden reflejar las espirituales. En el Islam, el cuerpo no puede representar al individuo; solo el alma, intangible, lo hace verdaderamente.

Así, el “hombre perfecto” está sujeto a la misma prohibición que Dios: ninguna imagen puede reflejar plenamente su personalidad.

Curiosamente, otros profetas islámicos como Jesús o Moisés no están sujetos a la misma reserva, lo que sitúa a Mahoma en una posición casi divina.

¿Realmente está prohibido que los musulmanes representen a Mahoma?

En el Corán no se encuentran versos que prohíban crear imágenes de Dios.

Ante la larga tradición de evitar retratos del Profeta, no sorprende que caricaturas en la prensa provoquen indignación entre los musulmanes.

El dibujo de Lars Vilks, que muestra la cabeza de Mahoma sobre el cuerpo de un perro, es considerado por muchos como una ofensa grave. El profesor Mohammad Fazlhashemi explica: “Comparar a un ser humano con un perro es extremadamente degradante en la cultura árabe‑islámica; no tiene base teológica, es una tradición cultural que utiliza ‘perro’ como epíteto despectivo.”

El artista sueco tocó, intencionalmente o no, un punto sumamente sensible. La reacción demostró que una parte importante de los musulmanes rechaza este tipo de humor iconoclasta. Aunque se debe condenar enérgicamente a la minoría radical que ataca al artista y a quienes difunden imágenes no deseadas, la indignación de la mayoría de los creyentes resulta comprensible.