Los olmecas empleaban la técnica de tala y quema como método principal de cultivo. Consistía en talar la vegetación, quemarla para limpiar el terreno y, una vez enfriado, sembrar los cultivos en la tierra fertilizada por las cenizas.
Este método facilitaba la expansión de los campos agrícolas en la densa selva y aportaba nutrientes esenciales al suelo, lo que lo convirtió en una práctica fundamental para su economía.