Julio César fue asesinado el 15 de marzo del 44 a.C. por una conspiración de senadores y políticos que temían su creciente poder.
Conspiración política
Su concentración de autoridad y el desprecio por las tradiciones de la República despertaron la preocupación de un grupo liderado por Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino, quienes planearon su asesinato.
Rencores personales y políticos
Algunos conspiradores tenían motivos personales: Bruto cuestionaba la moralidad de las acciones de César, mientras que Casio guardaba rencores por haber sido marginado y ver a sus aliados eliminados.
Miedo a la tiranía
El título autoproclamado de "dictador perpetuo" y el carácter cada vez más autoritario de César hicieron temer que se estaba convirtiendo en rey, algo intolerable para la República.
Deseo de preservar la República
Los conspiradores creían que al eliminar a César protegerían el sistema republicano, pues su acumulación de poder era vista como la sentencia de muerte de la República.
Falta de apoyo y errores de cálculo
Subestimaron el apoyo popular que disfrutaba César y no lograron ampliar su movimiento más allá del círculo íntimo. Además, no anticiparon la reacción de Marco Antonio, quien movilizó a los seguidores de César y buscó vengar su muerte.
Estas causas, junto con la cuidadosa planificación del atentado, provocaron la muerte de Julio César y desencadenaron una serie de guerras civiles que redefinieron la historia de Roma.