Dinastías XI y XII
El Reino Medio representa una etapa brillante en la historia del Antiguo Egipto.
Alrededor de 2060 a.C.
Triunfo de Mentuhotep I
Mentuhotep I consolida su poder sobre el Bajo Egipto y vuelve a unir el país. Lleva a cabo campañas militares contra los pueblos de Asia al noreste, contra los libios al noroeste y contra los nubios al sur, logrando victoria tras victoria y devolviendo la prosperidad y la estabilidad. Establece a Tebas como capital y eleva al dios Amón al rango de gran deidad egipcia; más tarde Amón se fusionará con Rá, convirtiéndose en Amón‑Rá en el Imperio Nuevo. Construye templos, santuarios y refuerza la monarquía, rodeándose de una administración eficiente de escribas y oficiales, mientras la población retoma sus labores.
Circa 1991 a.C.
Reinado de Amenemhat I
Tras la muerte de Mentuhotep III, su visir Amenemhat (cuyo nombre significa "Amón está al frente") toma el poder, es apoyado por los poderosos nomarcas y se proclama faraón. Traslada la capital a Lica (también llamada oasis de Faiyum).
Agricultura, minería y poder militar estabilizados
Los faraones de la duodécima dinastía extienden su dominio sobre Nubia, una región rica en canteras y minas de oro. También explotan las minas del Sinaí y del desierto oriental, y refuerzan su influencia en Siria‑Palestina. Construyen una poderosa fortificación en el este del delta, conocida como "Los Muros del Príncipe", para proteger el territorio de invasores extranjeros. Estas enormes torres de ladrillo, de 5 a 6 m de altura, permiten a los soldados vigilar fronteras ya resguardadas por la aridez del desierto.
La sátira de los oficios
Para instruir a Sesostris I, Amenemhat I encargó al escriba Jéti redactar un manual titulado Enseñanzas de Amenemhat. Inspirado por ese texto, Jéti escribió otro manual que describe la dura vida de los artesanos egipcios, con la intención de animar a su hijo a elegir la profesión de escriba. El libro retrata a los demás oficios de forma apocalíptica, evidenciando el desprecio que los lectores alfabetizados sentían por los campesinos analfabetos y subrayando la importancia del escriba en la sociedad egipcia.
Extracto: "Vi a un herrero trabajando al calor de su horno; sus dedos eran como piel de cocodrilo y olía peor que huevos de pescado. El barbero se afeitaba hasta el anochecer, paseaba de calle en calle buscando a alguien a quien afeitar. El alfarero tenía la ropa impregnada de tierra, el cinturón en harapos, el aire que inhalaba era caliente por el fuego. El zapatero estaba en peor situación, mendigaba eternamente; se sentía como quien vive entre cadáveres, y lo único que mordía era cuero. El lavandero lavaba en la orilla, cerca de los cocodrilos."
Sesostris III consolida el poder real y político
Reorganiza por completo la administración del reino para limitar la autoridad del visir único. Divide las responsabilidades en tres ministerios: uno para el norte, otro para el sur y un tercero para "el jefe del sur" (Nubia). Cada ministerio cuenta con un raportero, un sub‑raportero y un consejero que decide y transmite órdenes a los oficiales, quienes a su vez instruyen a los escribas. Este novedoso sistema reduce la influencia de la nobleza y favorece a la clase media, que se vuelve más numerosa y menos peligrosa para el poder real.
Renacimiento artístico
El crecimiento demográfico impulsa un periodo de renacimiento económico y cultural conocido como la "edad clásica". La vida intelectual florece en la corte y entre la aristocracia. El arte alcanza una refinación notable en arquitectura, escultura y orfebrería, y los artistas logran un nivel de perfección sin precedentes con instrumentos de gran sencillez. La literatura produce obras maestras; los relatos y novelas abundan. La lengua de este periodo es considerada un modelo de pureza, admirado hasta la época romana. Se llevan a cabo grandes proyectos de construcción monumental y los faraones continúan siendo enterrados bajo pirámides. Los ritos funerarios y mágicos se popularizan, y ahora cualquier individuo puede ser recibido por los dioses tras la muerte.
Ponderación del corazón
Los egipcios creen en el juicio después de la muerte. Desde el Reino Medio aparece un tribunal en el que se pesa el corazón del difunto. Lo acompaña el dios chacal Anubis, mientras Osiris, señor del inframundo, preside la sesión rodeado de 42 deidades. Ante él se sitúa una balanza vigilada por Thoth, patrón de los escribas. El corazón del fallecido se coloca en una de las balanzas y debe ser tan ligero como la pluma de Ma’at, diosa de la verdad y la justicia, que reposa en la otra. El difunto declara su inocencia: "No cometí injusticia, no blasfemé…". Al pie de la balanza espera la diosa Ammut, "devoradora de los muertos", con cuerpo de hipopótamo, cabeza de cocodrilo y patas delanteras de león. Si el corazón pesa más que la pluma, Ammut devora el alma, impidiendo su paso al más allá.
Circa 1785 a.C.
Fin del Reino Medio
Amenemhat III permite que poblaciones nómadas del continente asiático se asienten en el Delta del Nilo para proporcionar mano de obra a sus ambiciosas campañas. El sistema económico se ve seriamente puesto a prueba por extensas campañas mineras, grandes proyectos de construcción, inundaciones del Nilo particularmente intensas y masivos desplazamientos poblacionales. Egipto entra entonces en un nuevo periodo de desorden y crisis, que dará origen al Segundo Período Intermedio. El Reino Medio concluye con el reinado de una mujer alrededor del 1785 a.C.
Dinastías y lista de faraones del Reino Medio
Dinastía XI (tebana) (2160‑c. 2000 a.C.)
Antef I, Antef II, Antef III, Mentuhotep I, Mentuhotep II, Mentuhotep III.
Dinastía XII (2000‑1785 a.C.)
Amenemhat I, Sesostris I, Amenemhat II, Sesostris II, Sesostris III, Amenemhat III, Amenemhat IV, Sebeknefruré (reina).
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