Historia de Asia

Compromiso del Imperio Japonés con Rusia

Contexto y expansión militar japonesa

Tras la Guerra Sino‑japonesa, el gobierno de Japón diseñó un plan de posguerra centrado en la ampliación del arsenal, anticipando un posible conflicto con Rusia. Se impulsó el crecimiento del ejército y la marina, así como la creación de fábricas militares estatales. El presupuesto nacional se incrementó anualmente, llegando a destinar más del 50 % a gastos militares, financiados con la indemnización de la guerra, aumentos impositivos y bonos internos y externos.

Conflicto con Rusia

La disputa en Corea

El enfrentamiento comenzó en la península coreana. Tras el Tratado de Shimonoseki, Japón logró que la dinastía Qing reconociera la independencia de Corea, pero la medida generó resistencia local y puso a Japón en directa confrontación con la expansión rusa en la región.

En 1895, el movimiento pro‑ruso liderado por el ministro coreano Yi Yeo‑heung derrocó al gobierno favorable a Japón, instaurando una administración anti‑japonesa. En respuesta, el diplomático japonés Miura Gorō intentó reinstaurar al gobierno pro‑japonés mediante la invasión del palacio real, pero el intento fracasó y profundizó la hostilidad coreana hacia Japón.

Ante la presión, la corte coreana buscó refugio en la embajada rusa y proclamó el Imperio Coreano, alineándose con Moscú. Así, la influencia política japonesa en Corea se vio seriamente limitada, mientras la presencia rusa se consolidaba.

La rivalidad en Manchuria

En el norte de China, la política surista de Rusia se encontró con la ambición japonesa. Durante la rebelión de los Bóxers (1900), Japón envió un gran contingente al norte de Manchuria bajo el pretexto de proteger a sus residentes y asegurar la línea ferroviaria Tosei. A diferencia de la retirada de las fuerzas rusas, Japón mantuvo sus tropas, lo que se interpretó como un intento de ocupar la zona.

Si Rusia hubiera consolidado su control sobre Manchuria, los intereses japoneses en la península coreana se habrían visto amenazados, aumentando la sensación de urgencia dentro del gobierno de Tokio.

Alianzas internacionales

Gran Bretaña, también preocupada por la expansión surista rusa, buscó contrarrestarla mediante Japón. En 1902 se firmó el Acuerdo de Alianza Anglo‑japonés, que garantizaba asistencia británica al inicio de un posible conflicto y convertía a Japón en el baluarte contra Rusia.

Paralelamente, Francia respaldaba a Rusia a través de la Alianza Franco‑rusa. La guerra entre Japón y Rusia se desarrolló dentro de este entramado de alianzas, donde cada potencia buscaba preservar sus intereses estratégicos. Tras la firma del tratado anglo‑japonés, Rusia retiró temporalmente sus tropas de Manchuria, pero reanudó su avance surista, instalando una batería en la desembocadura del río Yalu en 1902.

En 1903, el gobierno japonés decidió abrir oficialmente el conflicto, iniciando la Guerra Ruso‑japonesa que marcaría una nueva era en la geopolítica del Este asiático.