La guerra ruso‑japonesa (1904‑1905) es uno de los conflictos navales más emblemáticos de la era moderna. Dentro de ella, la Batalla de Tsushima se considera el punto de inflexión que definió la victoria japonesa y marcó el inicio de la preeminencia de la Armada Imperial Japonesa.
La Flota del Báltico rusa hacia el Lejano Oriente
Tras la caída de Lushun (Port Arthur) en mayo de 1905, la Flota del Báltico partió de San Petersburgo en octubre de 1904 con el objetivo de reforzar a la Flota del Pacífico y recuperar el control del mar de Japón. El plan ruso preveía que la flota cruzara el estrecho de Tsushima o rodeara el archipiélago de Hokkaidō por los estrechos de Tsugaru o Soya.
Los japoneses, bajo el mando del almirante Tōgō Heihachirō, anticiparon la ruta más directa: el estrecho de Tsushima. Prepararon intensos entrenamientos de artillería y torpedos, y pusieron a punto sus buques para el enfrentamiento.
El descubrimiento y la famosa “Vuelta de Tōgō”
El 27 de mayo de 1905, el buque de patrulla Shinano Maru avistó la flota rusa a las 4:45 a.m. Tras recibir la señal del buque insignia Mikasa, la flota combinada japonesa salió al ataque. A la 1:39 p.m. los japoneses estaban a 13 km de los rusos.
En lugar de seguir una persecución directa, Tōgō ejecutó la famosa Vuelta de Tōgō (también llamada “táctica en T”). Los buques japoneses giraron bruscamente a estribor, colocando sus laterales –la zona de mayor potencia de fuego– frente a la flota rusa, que se desplazaba en sentido contrario. Esta maniobra, aunque arriesgada por el viento y las olas, permitió concentrar el fuego japonés y desorientar al enemigo.
Detalles de la maniobra
En los buques de guerra, el poder de tiro es máximo en los laterales (babor y estribor). La Vuelta de Tōgō aprovechó esa característica para disparar en abanico mientras los rusos intentaban maniobrar para evitar el fuego cruzado.
Desarrollo de la Batalla de Tsushima
Tras el giro, la flota rusa abrió fuego a una distancia de 7‑8 km. La artillería japonesa, más rápida y mejor entrenada, comenzó a derribar los buques enemigos. El combate duró aproximadamente una hora, seguido de intensas acciones nocturnas con destructores y torpederos japoneses.
El 28 de mayo, a las 10:34 a.m., la mayor parte de la flota rusa se rindió. De los 38 buques rusos, 21 se hundieron y 6 se entregaron; sólo cinco cruceros, dos destructores y dos buques de misión especial lograron regresar a territorio ruso. Japón perdió apenas tres torpederos, consolidando una victoria decisiva que obligó a Rusia a buscar la paz.
¿Por qué la Flota del Báltico fue derrotada?
Viaje extremadamente largo
La flota estuvo en ruta durante más de seis meses, lo que provocó:
- Fatiga de la tripulación y pérdida de moral.
- Sobrecarga de carbón y suministros, reduciendo la estabilidad y la velocidad.
- Acumulación de incrustaciones (percebes, mejillones) que disminuyeron la eficiencia de los motores.
- Emisión de humo negro que facilitó su detección por parte de los japoneses.
Problemas de mando y moral
En la Marina rusa predominaban oficiales aristocráticos que mantenían una relación autoritaria con la tropa, lo que generó descontento y baja moral. Además, la calidad de los marineros del Báltico era inferior a la de los que servían en la Flota del Pacífico y del Mar Negro.
Errores tácticos
Tōgō señaló que la flota rusa cruzó en dos columnas, dejando a la segunda fila vulnerable. Una formación en línea recta habría reducido la exposición a la artillería japonesa.
En conjunto, la combinación de una travesía agotadora, problemas estructurales y una moral decaída, sumada a la brillante táctica japonesa, explicó la derrota de la Flota del Báltico.