El misterioso destino del cuerpo de Oda Nobunaga después del famoso Incidente de Honnoji sigue alimentando innumerables teorías. Aunque la traición de Akechi Mitsuhide y la posterior batalla de Yamazaki son los eventos más conocidos, la ausencia del cadáver del gran daimyō plantea preguntas sobre la logística, la simbología y la política de la época.
Búsqueda infructuosa del cadáver
Tras el ataque sorpresa de Mitsúhide alrededor de las 6 a.m., los soldados revisaron los restos calcinados del templo Honnoji, pero no hallaron el cuerpo de Nobunaga. Días después, en la batalla de Yamazaki, el ejército de Hashiba Hideyoshi, que derrotó a Mitsúhide, también realizó una búsqueda sin éxito.
Ante la falta del cuerpo, los organizadores del funeral en Kioto optaron por erigir una estatua de madera a tamaño real y colocar las cenizas de Nobunaga en una urna, siguiendo la costumbre de los tiempos de guerra: asegurar el destino del cuerpo del vencedor o del vencido era crucial.
¿Por qué era tan importante la cabeza?
En el Japón del siglo XVI, la cabeza decapitada servía como prueba irrefutable de muerte. Sin ella, podían circular rumores de que Nobunaga seguía vivo y reunía fuerzas. Mitsúhide necesitaba la cabeza para legitimar su rebelión y convencer a otros daimyō de que el señor había caído. Hideyoshi, por su parte, aprovechó la ausencia del cadáver para afirmar que Nobunaga seguía vivo y que la causa de Mitsúhide debía ser derrotada.
La caza de cabezas como práctica bélica
Al no existir fotografías ni documentos escritos que certificaran la muerte, los vencedores exigían la cabeza del enemigo para identificarlo y exhibirla públicamente. La cabeza se mostraba, se enterraba por separado y, a veces, se conservaba como trofeo.
Incluso Nobunaga había practicado esta costumbre: en la batalla de Okehazama (1560) tomó la cabeza de Imagawa Yoshimoto; en 1573 exhibió las cabezas de Asakura Yoshikage y Asai Nagamasa, adornándolas con laca y polvo de oro.
Teorías sobre el destino del cuerpo
Los historiadores proponen dos posibilidades principales:
- El cuerpo fue retirado del templo. Algunas fuentes indican que el monje Kiyotaka, amigo cercano de Nobunaga, habría sacado el cuerpo y lo habría enterrado en el templo Jōdo Amidaji de Kioto, donde también reposan los restos de su hijo Nobutada y del vasallo Mori Ranmaru.
- El cuerpo se quemó por completo. Otros relatos, como los del misionero jesuita Luis Frois, describen un incendio explosivo provocado por la gran cantidad de pólvora almacenada en Honnoji, lo que habría reducido el cuerpo a cenizas, imposibilitando su recuperación.
Una segunda tradición señala al templo Nishiyama Honmon‑ji de la secta Nichiren, en la actual prefectura de Shizuoka, como posible lugar de entierro. Según esta versión, un monje local habría ocultado la cabeza y el cuerpo fuera de Kioto, aunque la distancia y la falta de testigos hacen la hipótesis poco segura.
Consecuencias de la ausencia del cadáver
El hecho de que ni Mitsúhide ni Hideyoshi lograran presentar la cabeza de Nobunaga influyó en la política posterior. La falta de evidencia física permitió a Hideyoshi presentar a Nobunaga como un mártir y, al mismo tiempo, a Mitsúhide le resultó más difícil consolidar alianzas, pues muchos dudaban de la veracidad de su victoria.
Curiosamente, la identidad del propio cuerpo de Mitsúhide también quedó en duda; algunos documentos de la época sugieren que su cadáver pudo haber sido confundido con el de otro señor, lo que subraya la importancia de la caza de cabezas en la era Sengoku.