En 1467, bajo el nombre de Guerra Onin, Japón vivió un conflicto que se prolongó durante once años, sumiendo a Kioto en una devastación sin precedentes y marcando el inicio del llamado período Sengoku o de los Estados Combatientes.
Una guerra más larga que la batalla de Sekigahara
Cuando se habla de batallas que dividieron al país, la batalla de Sekigahara (1600) suele ser la referencia principal, pues se resolvió en un solo día, aproximadamente seis horas. En contraste, la Guerra Onin se extendió durante once años, convirtiéndose en una contienda que paralizó gran parte de la capital y del país.
Durante ese tiempo, el shogunato Muromachi empezó a decaer y los daimyōes de cada provincia comenzaron a consolidar su poder de forma independiente, sentando las bases de la era de los señores de la guerra.
¿Por qué estalló la Guerra Onin?
El origen inmediato fue una disputa sucesoria dentro del shogunato Ashikaga. El octavo shogun, Ashikaga Yoshimasa, deseaba retirarse sin dejar heredero y propuso nombrar a su hermano menor, un monje budista, como sucesor. Yoshimasa, sin embargo, cambió de parecer cuando nació un hijo, lo que provocó una pugna entre los partidarios del hermano y los del recién nacido.
Al mismo tiempo, dos poderosas familias de la aristocracia samurái —Katsumoto Hosokawa y Yamana Sozen— se enfrentaron por la influencia en la corte. Sus seguidores formaron dos grandes facciones: el Ejército del Este (hosokawa) y el Ejército del Oeste (yamana), desencadenando una guerra civil que se extendió más allá de Kioto.
Desarrollo de los once años de conflicto
En mayo de 1467 estalló la lucha en Kioto. El shogun intentó mediar, pero sus órdenes fueron ignoradas. Las fuerzas enfrentadas incendiaron la ciudad, que quedó prácticamente reducida a cenizas. A medida que la guerra se prolongaba, los combates se desplazaron a los dominios de los daimyōes, convirtiendo a todo Japón en un campo de batalla.
Seis años después, tanto Hosokawa como Yamana fallecieron por enfermedad, lo que abrió la posibilidad de una reconciliación entre sus herederos, pero la contienda entre el Este y el Oeste continuó sin un desenlace claro.
Alrededor del décimo año, los señores del Ejército del Oeste comenzaron a buscar la paz y regresaron a sus territorios, mientras que el shogunato seguía sumido en la crisis. A diferencia de Sekigahara, donde los vencidos fueron ejecutados o exiliados, la Guerra Onin terminó sin una gran purga de los combatientes.
Consecuencias y legado
Tras el conflicto, el shogunato Ashikaga intentó recuperarse mediante reformas financieras, pero Yoshimasa siguió dedicándose a proyectos culturales como el Ginkaku‑ji, descuidando la reconstrucción del país. La guerra había destruido innumerables documentos y obras de arte, lo que dificultó la historiografía posterior.
El vacío de poder que dejó la Guerra Onin permitió que figuras como Oda Nobunaga, Takeda Shingen, Uesugi Kenshin y Tokugawa Ieyasu surgieran como los grandes señores de la era Sengoku, cambiando radicalmente el rumbo de la historia japonesa.
Resumen
La Guerra Onin (1467‑1477) marcó el fin del shogunato Ashikaga, devastó Kioto y desencadenó el período Sengoku, una época de guerras constantes que definió la transición de Japón hacia la unificación bajo los Tokugawa.