Introducción
El valle bajo del río Indo, conocido como la región del Sindh, ha sido habitado desde tiempos prehistóricos y siempre ha atraído a potencias invasoras por su riqueza y posición estratégica. A principios del siglo XIX, el temor británico a una posible invasión francesa o rusa a través de Afganistán o Persia llevó a que el Sindh se convirtiera en una pieza clave de la política colonial.

Situación política del Sindh antes de la intervención británica
Durante el siglo XVIII el Sindh estuvo bajo el dominio de la dinastía Kalhora, que recibió el título de Kalhora Nawab del emperador mogol. Tras la invasión de Nadir Shah (1739) la región quedó aislada del Imperio mogol y siguió pagando tributos al reino afgano, aunque a menudo con retraso.
En la segunda mitad del siglo XVIII la tribu balúchi Talpur se impuso militarmente. Tras la Batalla de Halani (1783) los Talpur fundaron una dinastía que dividió el territorio en cuatro ramas (Char Yaar) con capitales en Hyderabad, Khairpur, Mirpur Khas y Tando Muhammad Khan.
Los primeros contactos británicos
Los portugueses apenas se interesaron por el Sindh. Los británicos, inicialmente centrados en Surat, comenzaron a explorar la zona a través de misiones comerciales. En 1758 se abrió la primera factoría británica en Thatta bajo el permiso del gobernante Kalhora Gulam Shah.
Durante el reinado de los Talpur, los británicos intentaron ampliar su presencia, pero las tensiones con los gobernantes locales provocaron interrupciones en el comercio (1775). A partir de entonces, los Talpur controlaron el Sindh hasta que la política británica cambió su enfoque.
Política británica y tratados preliminares (1799‑1820)
El miedo a una invasión francesa llevó a Lord Wellesley a intentar aliarse con los Talpur. En 1800 el agente británico Crow fue expulsado de Sindh. En 1809, tras la crisis napoleónica, el gobernador general Lord Minto envió a Nicholas Hanke Smith, quien firmó el Tratado de Amistad Eterna con los Talpur, definiendo la frontera en Kutch y prohibiendo asentamientos europeos en el Sindh.
En 1820 el tratado se renovó para impedir los saqueos de los balúchis y se reforzó la prohibición de colonias europeas, fijando nuevamente la línea fronteriza con Kutch.
Lord Auckland y la decisión de anexar
Cuando Lord Auckland asumió el cargo de gobernador general en 1836, la expansión rusa en Asia despertó nuevamente la alarma británica. Auckland vinculó la cuestión del Sindh con la seguridad de la frontera afgana y propuso que, bajo protección británica, el Sindh sirviera como zona de suministro para futuras campañas en Afganistán.
En 1838, bajo presión de los talpures, el coronel Pottinger negoció una nueva convención que concedía a los británicos un residente en Hyderabad y la garantía de ayuda militar contra el sij Ranjit Singh.
La “Alianza Triangular” de 1838
En junio de 1838 se firmó una alianza entre los británicos, el sikh Ranjit Singh y el emir afgano Shah Shuja. La empresa buscaba asegurar la ruta a Afganistán y neutralizar a los Talpur, que se mostraban reacios a ceder más privilegios.
El pretexto de la guerra afgana (1839‑1842)
El fracaso británico en la Primera Guerra Anglo-Afgana (1839‑1842) dejó al Imperio británico con la necesidad de demostrar su poder militar. La anexión del Sindh se presentó como una forma de restablecer el prestigio y asegurar la vía de suministro al norte.
Lord Ellenborough y la anexión definitiva (1843)
Lord Ellenborough, sucesor de Auckland, adoptó una postura agresiva contra los Talpur. Tras una serie de acusaciones (supuesto apoyo a potencias extranjeras, obstrucción del tráfico fluvial, etc.) y la negativa de los talpures a firmar una nueva cláusula que exigía el pago de 3 000 000 de rupias y el suministro de combustible para los buques de vapor británicos, Ellenborough autorizó la intervención militar.
El coronel Charles Napier, enviado como residente, tomó la iniciativa: el 15 febrero de 1843 atacó la residencia británica en Hyderabad; el 17 febrero ganó la batalla de Miani contra un ejército local de 30 000 hombres; y el 24 marzo venció a los talpures de Mirpur. El 13 marzo de 1843 Ellenborough nombró a Napier gobernador del Sindh.
Consecuencias y críticas
La anexión transformó al Sindh en una provincia del Raj británico, con guarniciones permanentes en Karachi, Bhakkar y Sukkur. Sin embargo, historiadores contemporáneos y posteriores denunciaron la acción como una “invasión injustificada”. El propio oficial británico Outram criticó la política de Ellenborough, y miembros del Consejo de la Compañía calificaron la anexión de “infamemente inmoral”.
El tratado de 1832 había prometido que los británicos no usarían el río Indo para fines militares; esta cláusula fue violada repetidamente. Además, los talpures nunca habían violado los acuerdos previos, y su resistencia fue utilizada como pretexto para una expansión territorial motivada por intereses comerciales y estratégicos.
Legado histórico
La incorporación del Sindh marcó el fin de la autonomía de los talpures y abrió la ruta del Indo a la navegación de vapor, facilitando el comercio británico con el interior de la India y con Asia Central. El episodio sigue siendo objeto de debate sobre la ética de la expansión colonial y la manipulación de conflictos locales para justificar la conquista.
