No hay evidencia que demuestre que la Unión Soviética haya acusado a la República Popular China de intentar provocar un conflicto armado entre Estados Unidos y la URSS en 1966.
Si bien las relaciones entre Moscú y Pekín se deterioraron durante la década de 1960, las tensiones se centraron en disputas ideológicas y estratégicas, no en una acusación formal de incitar una guerra.
Los documentos desclasificados y los estudios de historiadores coinciden en que, aunque existieron choques diplomáticos, la URSS nunca presentó una denuncia pública ni una acusación oficial contra China al respecto.