Promesas de independencia
Durante la Primera Guerra Mundial, el gobierno británico, a través de la correspondencia Hussein‑McMahon, prometió a líderes árabes, especialmente a Hussein ibn Ali, jeque de La Meca, la creación de estados árabes independientes a cambio de su apoyo contra el Imperio otomano. Tras el conflicto, esas promesas no se cumplieron; en su lugar, Gran Bretaña y Francia repartieron los territorios bajo mandatos, generando una profunda sensación de traición.
Acuerdo Sykes‑Picot
Este acuerdo secreto de 1916 entre Reino Unido y Francia trazó esferas de influencia en Oriente Medio, ignorando los deseos de unidad y autodeterminación de los pueblos árabes. Su revelación después de la guerra minó aún más la confianza árabe en las intenciones occidentales.
Declaración Balfour
En 1917, Gran Bretaña emitió la Declaración Balfour, que apoyaba el establecimiento de un «hogar nacional» para el pueblo judío en Palestina, territorio entonces otomano. La medida se tomó sin consultar a la población árabe local, generando preocupación sobre sus derechos futuros.
Falta de representación árabe
En la Conferencia de Paz de París (1919), la delegación árabe liderada por Faisal, hijo de Hussein, fue excluida de las decisiones clave. Sus peticiones de autodeterminación fueron desestimadas, reforzando la sensación de abandono.
Mandatos y dominio colonial
La Sociedad de Naciones estableció mandatos sobre los territorios árabes, asignando a Reino Unido y Francia la administración. Estos mandatos a menudo desatendían los intereses locales y se percibían como una extensión del colonialismo, no como un paso hacia la independencia.
Movimientos nacionalistas y resistencia
La desilusión provocó la aparición de movimientos nacionalistas y grupos de resistencia que buscaban acabar con la influencia occidental y lograr la soberanía árabe. Estos movimientos, al confrontar a las potencias coloniales, intensificaron los conflictos en la región.