Durante el declive del Imperio Han, varias fuerzas externas y rebeliones internas diezmaron sus territorios, acelerando su colapso.
1. Rebelión del Turbante Amarillo (184‑205 d.C.)
Movida por taoístas del Turbante Amarillo, esta revuelta popular buscaba derrocar al gobierno Han y a la aristocracia corrupta, proponiendo un nuevo orden basado en principios religiosos.
2. Invasión Xiongnu (48 d.C.)
Los Xiongnu, una confederación nómada de Asia Interior, atacaron el noroeste del imperio, capturando varias comandancias y obligando a los Han a pagar tributo.
3. Invasiones Xianbei (siglos III‑V d.C.)
Los Xianbei, otro grupo nómada, se convirtieron en una amenaza significativa. Realizaron incursiones continuas en el norte y oeste, saqueando y devastando numerosas regiones.
4. Invasiones Wu Hu (304‑316 d.C.)
El término Wu Hu engloba a diversos pueblos no Han que aprovecharon la debilidad interna del imperio. Conquistaron amplias zonas del norte y centro de China, dando paso al periodo de los Dieciséis Reinos.
5. Invasión Di (317 d.C.)
Los Di, un pueblo tibeto-burmano, tomaron la capital Chang'an, provocando la caída de la dinastía Jin Occidental (heredera de los Han) y la posterior fragmentación de China.
Estas invasiones, combinadas con rebeliones internas, fueron decisivas para el fin del Imperio Han y marcaron el inicio de varios siglos sin una China unificada.