Acabo de ver A Beautiful Mind. Desde junio de 2019 está disponible en Amazon Prime; si aún no la has visto, te la recomiendo.
- Impresiones sobre la película
- La vida real de John Nash
- Reflexiones sobre su legado
Impresiones sobre A Beautiful Mind

Vi la película sin haber investigado previamente la historia de Nash. La recomendación apareció justo después de terminar The Imitation Game, otra cinta que narra la vida de un brillante matemático. Por eso, al principio pensé que la trama seguiría una línea similar: un genio llamado por el Pentágono para descifrar códigos soviéticos.
La realidad es muy distinta. Nash nunca trabajó para el Pentágono y sus “misiones secretas” son en realidad alucinaciones provocadas por la esquizofrenia. El director logra que el espectador sienta la misma confusión que el propio Nash, mezclando hechos reales con delirios de forma tan fluida que resulta difícil distinguir lo que ocurre en la película de lo que ocurre en la mente del protagonista.
Otro detalle que la película pasa por alto es el momento en que Nash recibe el Premio Nobel. En la cinta se muestra como si fuera parte de la historia, pero en la vida real el reconocimiento llegó en 1994, mucho después de los eventos retratados.
Vida real de John Nash

John Forbes Nash Jr. nació el 13 de junio de 1928 en Bluefield, Virginia Occidental, en una familia de clase media; su padre era ingeniero eléctrico y su madre, maestra. A los 16 años ingresó al Carnegie Institute of Technology (hoy Carnegie Mellon University) con una beca, y más tarde obtuvo su doctorado en la Universidad de Princeton.
En Princeton, Nash publicó su revolucionario artículo sobre la teoría de juegos, que sentó las bases de lo que hoy conocemos como "equilibrio de Nash". Aunque la teoría de juegos tiene aplicaciones en economía, biología y política, a Nash le interesaba también la famosa hipótesis de Riemann, un problema abierto en la teoría de los números que sigue sin resolverse.
En la década de 1950, Nash comenzó a mostrar síntomas de esquizofrenia paranoide. Sus alucinaciones lo llevaron a creer que trabajaba para una agencia gubernamental secreta y que estaba persiguiendo conspiraciones internacionales. Durante varios años fue internado en hospitales psiquiátricos y, a menudo, deambulaba por el campus de Princeton, ganándose el apodo de "el fantasma del Fine Hall".
Su matrimonio con Alicia Lardé fue crucial para su recuperación. Después de un divorcio en 1963, Nash volvió a vivir con Alicia en 1970; bajo su apoyo, sus episodios psicóticos disminuyeron y pudo retomar su actividad académica. En 1978 recibió el Premio John von Neumann y, en 1994, el Nobel de Economía por sus contribuciones a la teoría de juegos.
En 1999 obtuvo el Steele Prize de la American Mathematical Society y, en 2015, el prestigioso Premio Abel por sus trabajos relacionados con la hipótesis de Riemann. Ese mismo año, Alicia falleció trágicamente en un accidente de taxi; Nash, entonces de 86 años, quedó devastado.
Reflexiones sobre John Nash
El verdadero reconocimiento a Nash surgió una vez que logró superar las delirantes creencias de grandeza y la constante necesidad de aprobación. Su historia demuestra que el honor y la fama pueden ser consecuencias de un trabajo honesto y humilde, no el objetivo mismo.
Hoy, su legado sigue inspirando a matemáticos, economistas y a cualquier persona que enfrente desafíos mentales, recordándonos que la genialidad y la vulnerabilidad pueden coexistir.