Los pueblos nativos de América utilizaban diferentes materiales para iniciar fuego, como leña, hierbas secas y excremento animal.
Astillas de bisonte
En la región de las Grandes Llanuras, las astillas de bisonte (excremento de bisonte secado) eran uno de los combustibles más habituales. Su abundante disponibilidad y su combustión prolongada las convertían en una fuente fiable de calor para cocinar y calentar los refugios.
Estas astillas queman más tiempo que la leña o la hierba seca, proporcionando una llama constante y menos humo, lo que resultaba práctico en los campamentos y en la vida cotidiana.
Otros combustibles empleados
Además de las astillas de bisonte, los nativos también usaban resina de pino, corteza de árboles y pedazos de carbón vegetal, adaptando el recurso al entorno y a la temporada.