Durante la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido implementó un amplio programa de evacuación infantil. Miles de niños fueron trasladados del entorno urbano a zonas rurales, donde vivían con familias de acogida durante todo el conflicto.
El objetivo principal era protegerlos de los bombardeos aéreos y los peligros de las ciudades. En el campo, estaban a salvo de los ataques y podían continuar su educación y su vida cotidiana bajo la tutela de sus nuevos cuidadores.