Antes de su entrada oficial en abril de 1917, Estados Unidos apoyó a los Aliados (principalmente Reino Unido, Francia y Rusia) de diversas maneras.
1. Apoyo financiero
El sistema bancario estadounidense concedió más de 2 000 millones de dólares en préstamos a los gobiernos aliados entre 1914 y 1917. Estos fondos fueron esenciales para mantener sus campañas militares.
2. Comercio y suministro de municiones
EE. UU. se convirtió en un proveedor clave de alimentos, materias primas y productos bélicos. Las fábricas americanas fabricaron armas, municiones, vehículos y otros equipamientos que fueron enviados a Europa, cubriendo la escasez que sufrían los Aliados.
3. Ayuda humanitaria
Organizaciones y ciudadanos estadounidenses enviaron alimentos, ropa, medicinas y donaciones a la población civil y a los refugiados. Entre las entidades más activas estaban la Cruz Roja Americana, la Fundación Rockefeller y la Comisión de Socorro a Bélgica.
4. Inteligencia y espionaje
Estados Unidos aportó información valiosa a través de su red de espionaje. La División de Inteligencia Militar y el Servicio Secreto recopilaron datos sobre las operaciones alemanas y los compartieron con los Aliados.
5. Neutralidad y esfuerzos de mediación
Inicialmente, Washington mantuvo una postura neutral, pero el presidente Woodrow Wilson intentó mediar entre las partes en conflicto. Sus esfuerzos de paz fracasaron, ya que ambos bandos creían poder lograr la victoria por sí mismos.
6. Moral y propaganda
Los medios y figuras culturales estadounidenses colaboraron en campañas de propaganda aliada, buscando elevar la moral, influir en la opinión pública y reforzar el apoyo al esfuerzo bélico.
Aunque la opinión pública estaba dividida entre neutralidad e intervención, el cambio se produjo a principios de 1917 cuando Alemania reanudó la guerra submarina sin restricciones y se descubrió el Telegrama Zimmermann, que proponía una alianza germano‑mexicana contra EE. UU. Estos hechos impulsaron la decisión de entrar en la guerra en abril de 1917.