La obstinación de Medea
Medea muestra una terquedad implacable al decidir vengarse de Jasón por su traición. A pesar de los ruegos de sus hijos y de las advertencias del coro, no cede a sus planes de venganza.
Su obstinación también se refleja en la convicción de que está justificada al matar a sus propios hijos como castigo para Jasón. Incluso cuando comprende la atrocidad de sus actos, se niega a reconocer que ha errado.