Impuestos sobre la propiedad
Los impuestos a la propiedad constituían la principal fuente de ingresos del gobierno colonial. Se calculaban según el valor de los bienes inmuebles, edificios y ganado de cada propietario. La tasa variaba según el tipo de bien y su ubicación; por ejemplo, los terrenos de Manhattan estaban gravados a una tasa superior a la de las áreas rurales.
Impuestos per cápita (poll tax)
El poll tax era una cuota fija que debía pagar todo hombre adulto, independientemente de su riqueza. Los recursos obtenidos se destinaban a financiar servicios públicos como escuelas y carreteras.
Impuestos de consumo (excise taxes)
Se aplicaban gravámenes a ciertos productos y servicios, como alcohol, tabaco y azúcar. Además de generar ingresos, estos impuestos buscaban desincentivar el consumo de dichos artículos.
Derechos de aduana
Los aranceles aduaneros gravaban los bienes importados a la colonia. Su objetivo era proteger a los comerciantes locales y aportar al erario público.
Otros cargos y licencias
El gobierno colonial también cobraba una variedad de tasas por licencias, permisos y multas, destinadas a cubrir los costos de servicios específicos, como la administración de los tribunales y el mantenimiento de caminos.
Carga fiscal y descontento
En comparación con otras colonias británicas, la carga impositiva en la Nueva York colonial era relativamente ligera, en parte porque la región era próspera y contaba con un sector agrícola importante. Sin embargo, los impuestos fueron aumentando con el tiempo, lo que provocó cierto descontento entre los colonos.