Historia de América del Norte

¿Cómo diferían la política y los políticos de la época progresista?

Enfoque reformista

La Era Progresista (finales del siglo XIX y principios del XX) se caracterizó por un fuerte impulso a la reforma. Los políticos de la época veían al Estado como una herramienta para corregir injusticias sociales y económicas, y muchos actuaban motivados por un sentido de servicio público.

Populismo y progresismo

Dos corrientes principales surgieron: el populismo, que defendía los intereses de agricultores y obreros frente a los poderosos monopolios, y el progresismo, que ponía el acento en la modernización política y la mejora de las condiciones de vida mediante reformas sociales.

Reformas electorales

Se implementaron cambios clave, como la elección directa de senadores (17ª Enmienda) y el voto secreto, que buscaban reducir la corrupción y ampliar la participación ciudadana.

Regulación de las grandes empresas

Ante el creciente poder de los trusts y corporaciones, los progresistas impulsaron leyes antimonopolio y una regulación más estricta para garantizar la competencia leal y proteger a los consumidores.

Políticas de bienestar social

Se aprobaron normas de compensación laboral, leyes contra el trabajo infantil y los primeros esquemas de seguridad social, con el objetivo de proteger a los sectores más vulnerables.

Derechos de la mujer

El movimiento sufragista alcanzó su mayor victoria con la ratificación de la 19ª Enmienda en 1920, gracias al apoyo de figuras como Theodore Roosevelt y Woodrow Wilson.

Reformas urbanas

El rápido crecimiento de las ciudades motivó mejoras en vivienda, saneamiento y transporte público, buscando elevar la calidad de vida en los centros urbanos.

En conjunto, la política de la Era Progresista se distinguió por su compromiso con la justicia social, la regulación económica y la expansión del papel del gobierno en la solución de los problemas colectivos.