Ferrocarriles
Los ferrocarriles siguieron siendo la columna vertebral del transporte de larga distancia y de carga. A finales del siglo XIX, EE. UU. contaba con más de 250 000 millas de vías. Los viajes en tren se hicieron más cómodos y fiables gracias a los coches cama Pullman y a los vagones restaurante.
Transporte público urbano
El rápido crecimiento de las ciudades impulsó sistemas de transporte público más eficientes. Los tranvías eléctricos, o “trolleys”, se convirtieron en el medio de desplazamiento urbano favorito, circulando sobre rieles y siguiendo rutas fijas.
Automóviles
Durante la era progresista surgió el automóvil como una nueva opción de movilidad. Los primeros modelos eran caros y poco fiables, pero la introducción del Model T por Henry Ford en 1908 cambió el panorama: era asequible, fácil de conducir y se producían en masa, democratizando la propiedad del coche.
Bicicletas
El ciclismo ganó popularidad como recreación, ejercicio y medio de transporte. La invención de la “bicicleta de seguridad”, con ruedas del mismo tamaño y transmisión por cadena, la hizo más cómoda y segura, provocando un auge en su uso.
Aviación
Los inicios de la aviación también se dieron en esta época. El vuelo de los hermanos Wright en Kitty Hawk, 1903, marcó el comienzo de la aviación tripulada, aunque aún estaba en fase experimental y limitada a exhibiciones.
Construcción de carreteras
El aumento del uso del automóvil motivó la mejora de la infraestructura vial. En 1893 se creó la Oficina de Investigación de Carreteras, que más tarde se convirtió en la Oficina de Carreteras Públicas. Estados y ciudades empezaron a pavimentar carreteras y a construir puentes para atender el tráfico creciente.
Regulación y seguridad
La expansión de los diferentes modos de transporte generó la necesidad de normas y medidas de seguridad. La Comisión Interestatal de Comercio (ICC), fundada en 1887, regulaba los ferrocarriles. Asimismo, se introdujeron regulaciones para elevar los estándares de seguridad de automóviles y otros vehículos.
Estos avances transformaron la forma en que los estadounidenses viajaban, trabajaban y vivían, impulsando el crecimiento urbano, el desarrollo suburbano y la evolución de la economía y la sociedad del país.