Contexto familiar
Juan nació en una familia adinerada; su padre, Pedro, era un plantador que poseía esclavos. Creció en una sociedad esclavista y, al principio, aceptó esa realidad como normal.
El despertar de la conciencia
A medida que fue creciendo, Juan empezó a cuestionar la moralidad de la esclavitud. Le inquietaba que los esclavos fueran tratados como propiedad y no como seres humanos, y conocía la violencia y brutalidad que sufrían.
De propietario a crítico
En la década de 1770, Juan abandonó la condición de esclavista y comenzó a denunciar la institución. Escribió una serie de ensayos en los que sostenía que la esclavitud era moralmente incorrecta y debía ser abolida. En su ensayo más famoso, “La esclavitud africana en América”, declaraba:
«Los esclavos en América no solo están privados de su libertad, sino que también son sometidos a una crueldad y barbarie escandalosas… Son golpeados, azotados y torturados sin provocación alguna, incluso por ofensas triviales. En ocasiones, son ejecutados de manera cruel e inhumana.»
Argumentos económicos y sociales
Juan también afirmó que la esclavitud perjudicaba la economía. Según él, impedía el desarrollo de una sociedad libre y próspera, fomentaba la desigualdad y el conflicto. Escribió:
«La esclavitud no solo es un mal en sí misma, sino también una fuente de gran gasto e inconveniente para el país. Obstaculiza el crecimiento demográfico, el mejoramiento del suelo, desincentiva la industria y genera ociosidad y lujo.»
Activismo y legado
Sus ideas eran radicales para la época y le valieron la oposición de poderosos dueños de esclavos. Sin embargo, Juan nunca vaciló y siguió luchando por la abolición hasta su muerte. En 1777 cofundó la Sociedad de Abolición de Pensilvania, una de las primeras organizaciones estadounidenses dedicadas a este fin, y la presidió entre 1787 y 1791. Su labor inspiró al movimiento abolicionista que culminó con la abolición de la esclavitud en 1865.