Cuando llegaron a Estados Unidos, muchos inmigrantes vieron sus nombres modificados, ya sea por funcionarios de inmigración o por decisión propia, para facilitar su integración.
Asignación de nombres por parte de las autoridades
En los primeros siglos, los oficiales de aduanas y de Ellis Island solían “americanizar” los nombres, transformando, por ejemplo, a Johann Schmidt en John Smith. Estas versiones anglicizadas se anotaban en los registros oficiales y, a partir de entonces, pasaban a ser los nombres legales del individuo.
Elección personal del inmigrante
En otros casos, los propios inmigrantes decidían cambiar su apellido o su nombre completo para evitar discriminación o para adaptarse mejor al entorno cultural. Una vez decidido el nuevo nombre, lo declaraban ante las autoridades y se inscribía en los documentos de naturalización, pasaportes y demás registros civiles.
Resultado
En cualquiera de los dos escenarios, el nombre adoptado quedó registrado oficialmente y se convirtió en la identidad legal del inmigrante en Estados Unidos.