Aislamiento tradicional
Desde su fundación, EE. UU. adoptó una política de aislamiento, evitando involucrarse en conflictos europeos que consideraba ajenos a sus intereses.
Intereses económicos
El país era gran exportador de alimentos, materias primas y crédito a las naciones beligerantes, especialmente a Gran Bretaña. Mantener la neutralidad permitía seguir comerciando sin restricciones y proteger sus ganancias.
Opinión pública
La mayoría de los estadounidenses se mostraba reacia a entrar en una guerra distante. Los medios de comunicación y los líderes políticos reflejaban ese deseo de permanecer al margen.
Falta de preparación militar
En 1914‑1916 el ejército estadounidense era pequeño y carecía de equipamiento suficiente para una intervención a gran escala, lo que reforzaba la postura neutral.
Ataques alemanes y el límite de la neutralidad
El hundimiento del Lusitania en 1915 y la política alemana de guerra submarina sin restricciones pusieron a prueba la neutralidad estadounidense. Tras una serie de ataques a buques con ciudadanos estadounidenses a bordo, el Congreso aprobó la Resolución de Guerra y, en abril de 1917, EE. UU. declaró la guerra a Alemania, poniendo fin a su neutralidad.