La Primera Guerra Mundial (1914‑1918) fue el resultado de una compleja red de alianzas, tensiones nacionalistas y políticas militaristas. A lo largo de los años, historiadores y contemporáneos han señalado a distintas potencias como responsables del estallido del conflicto.
Austria-Hungría
Se le culpa por iniciar la guerra al declarar el 17 de julio de 1914 el estado de guerra contra Serbia, tras el asesinato del archiduque Franz Ferdinand. La decisión de un ataque rápido y severo provocó la activación de los pactos de alianza.
Alemania
Es responsabilizada por respaldar incondicionalmente a Austria‑Hungría y por sus políticas militaristas y expansionistas. El famoso Plan Schlieffen y la declaración de guerra a Rusia y Francia en agosto de 1914 ampliaron rápidamente el conflicto.
Rusia
Se le señala por la movilización parcial de su ejército el 30 de julio de 1914, una medida que obligó a Alemania a declarar la guerra a Rusia el 1 de agosto, intensificando la escalada.
Francia
Es culpada por su alianza con Rusia y por participar en la carrera armamentista que alimentó la tensión europea. Cuando Alemania declaró la guerra a Francia el 3 de agosto, el país se vio arrastrado al conflicto.
Gran Bretaña
Se le atribuye responsabilidad por su apoyo a Bélgica y Francia, así como por el bloqueo naval impuesto a Alemania. La invasión alemana de Bélgica el 4 de agosto justificó la entrada de Gran Bretaña en la guerra.
En conjunto, estos factores y decisiones políticas explican por qué la culpa se reparte entre varias naciones, más que atribuirse a un único culpable.