La expansión española en los siglos XV y XVI respondió a tres grandes impulsores:
1. Fe (Dios)
Los españoles, fervientes católicos, consideraban que era su deber evangelizar al Nuevo Mundo, llevando el cristianismo y convirtiendo a los pueblos indígenas.
2. Oro (Riqueza)
La búsqueda de metales preciosos y otras riquezas motivó a la corona y a los conquistadores, que esperaban enriquecer tanto a la monarquía como a sí mismos.
3. Gloria (Fama y aventura)
El afán de ser los primeros en descubrir y reclamar nuevas tierras alimentaba su deseo de fama, honor y aventura para España.