Traslado del control
El 10 de diciembre de 1898, tras la firma del Tratado de París entre Estados Unidos y España, se puso fin a la Guerra Hispano‑Estadounidense y EE. UU. adquirió las islas Filipinas como colonia.
Organización administrativa
Durante los cuatro decenios de dominio estadounidense, el archipiélago se dividió en provincias, cada una encabezada por un gobernador designado. Estos funcionarios se encargaban de asuntos locales como la creación de escuelas, la construcción de carreteras y el mantenimiento del orden público.
Educación y salud pública
Una de las mayores contribuciones fue la implantación de un sistema de educación pública en inglés, que permitió a millones de filipinos acceder a la alfabetización y a una formación académica moderna. Además, se mejoraron los servicios de sanidad, se introdujeron medidas de higiene y se construyeron hospitales y clínicas.
Infraestructura
El gobierno estadounidense impulsó la construcción de carreteras, puentes y puertos, conectando regiones antes aisladas y facilitando el comercio interno y externo.
Resistencia y pacificación
En los primeros años del mandato americano surgieron varios levantamientos filipinos contra la ocupación. Las revueltas fueron sofocadas y, a partir de entonces, el territorio permaneció bajo control de EE. UU. hasta 1946.
Camino hacia la independencia
En 1935, el Congreso de EE. UU. aprobó la Ley Tydings‑McDuffie, que concedió a Filipinas el estatus de Commonwealth y estableció un calendario de diez años para la plena soberanía. El 4 de julio de 1946, la República de Filipinas se convirtió en un estado independiente y Estados Unidos transfirió oficialmente la soberanía.