Neutralidad inicial
Al estallar la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos adoptó una política de neutralidad. En agosto de 1914 el presidente Woodrow Wilson emitió una proclamación que pedía a los estadounidenses mantenerse imparciales en pensamiento y acción respecto al conflicto. El objetivo era conservar los lazos comerciales y diplomáticos con ambas partes.
Motivos de la neutralidad
La postura de Wilson se sustentó en varios factores: el fuerte sentimiento aislacionista de la opinión pública, el temor a que la guerra afectara la economía estadounidense y el deseo de evitar que el país quedara atrapado en un conflicto europeo. Además, EE. UU. mantenía importantes relaciones económicas tanto con las Potencias Aliadas (Reino Unido, Francia y Rusia) como con las Potencias Centrales (Alemania, Austria-Hungría y el Imperio Otomano).
El giro hacia la intervención
A medida que la contienda se prolongaba, Alemania intensificó la guerra submarina sin restricciones, hundiendo buques mercantes estadounidenses y provocando víctimas civiles. Este accionar generó una fuerte reacción en la opinión pública estadounidense, que comenzó a inclinarse a favor de los Aliados. En 1917, ante las violaciones del derecho internacional y de los derechos de los neutrales, Estados Unidos declaró la guerra al lado de los Aliados.