Antecedentes
Tras la derrota de España en la Guerra Hispano‑americana (1898), los insurgentes filipinos, liderados por Emilio Aguinaldo, esperaban que Estados Unidos reconociera la independencia de Filipinas, pues consideraban a EE. UU. un aliado que compartía sus ideales de libertad y democracia.
Visiones encontradas
Sin embargo, Washington tenía sus propias ambiciones imperiales. El gobierno estadounidense vio a Filipinas como una posesión estratégica en el Pacífico y pretendía anexarla como colonia, no como un estado independiente.
El estallido del conflicto
Esta disparidad de expectativas provocó una creciente tensión que desembocó en hostilidades abiertas. En febrero de 1899, los combates entre las fuerzas filipinas y el ejército estadounidense dieron inicio a la Guerra Filipino‑Estadounidense.
Consecuencias
El conflicto se prolongó varios años, culminando con la derrota de los rebeldes y la instauración del dominio colonial de Estados Unidos sobre Filipinas, que perduró hasta la mitad del siglo XX.