Durante las primeras décadas del siglo XX, Estados Unidos experimentó una oleada masiva de inmigración. Varios factores económicos, sociales, políticos y tecnológicos convergieron para convertir al país en el principal destino de millones de personas que buscaban una vida mejor.
Oportunidades económicas
La demanda de mano de obra era enorme, sobre todo en la manufactura, la minería y la agricultura. Los recién llegados ofrecían trabajo barato, lo que impulsó el rápido crecimiento industrial y la expansión de los centros urbanos.
Factores de atracción
EE. UU. prometía libertades que resultaban escasas en muchos países: libertad religiosa, derechos políticos y la posibilidad de ascender socialmente. Estas ventajas atrajeron a personas de todo el mundo que buscaban un futuro más prometedor.
Política migratoria abierta
Hasta finales del siglo XIX, la legislación migratoria estadounidense era prácticamente inexistente. No había cuotas ni restricciones basadas en la nacionalidad o etnia, salvo la Ley de Exclusión China de 1882, que limitó la entrada de chinos.
Avances en la tecnología de los vaporeros
Los progresos en los barcos de vapor redujeron drásticamente el tiempo, el costo y el riesgo de los viajes transatlánticos. Como resultado, cruzar el Atlántico se volvió accesible para un número mucho mayor de personas.
Influencia política de algunos grupos
Comunidades como la irlandesa y la alemana habían ganado peso político en el país. Sus representantes presionaron para que las leyes de inmigración fueran más flexibles, facilitando la llegada de nuevos inmigrantes.
Migración en cadena
Los inmigrantes ya establecidos patrocinaban a familiares y amigos, creando un efecto bola de nieve que multiplicó la cifra de llegadas año tras año.