Estados Unidos tenía una larga tradición aislacionista: una política que buscaba evitar la participación en conflictos externos. Durante la década de 1930, gran parte de la población consideraba que el país no debía involucrarse en la guerra que se desarrollaba en Europa y Asia. Varios factores consolidaron esa postura y dificultaron que el presidente Franklin D. Roosevelt convenciera al Congreso de declarar la guerra.
Principales factores que alimentaron el aislacionismo
- El recuerdo de la Primera Guerra Mundial: La experiencia costosa y sangrienta del conflicto anterior dejó una profunda aversión a otra guerra en Europa.
- La Gran Depresión: Con la economía sumida en una crisis sin precedentes, muchos estadounidenses preferían destinar los escasos recursos a la recuperación interna en lugar de financiar una guerra en el extranjero.
- La creencia de que EE. UU. estaba a salvo: La inmensidad de los océanos Atlántico y Pacífico hacía pensar a la mayoría que ninguna potencia podría atacar el territorio continental.
- La simpatía hacia regímenes fascistas: Algunos sectores mostraban afinidad por los gobiernos de Alemania e Italia, lo que reducía la voluntad de combatirlos.
- Las leyes de neutralidad: En los años 30 el Congreso aprobó una serie de actos que prohibían la venta de armas a beligerantes y limitaban los viajes de estadounidenses al extranjero, dificultando cualquier involucramiento directo.
Estos elementos mantuvieron firme el aislacionismo hasta que el ataque a Pearl Harbor en diciembre de 1941 obligó a EE. UU. a abandonar esa postura y entrar en la Segunda Guerra Mundial.