Alimentación forzada a las sufragistas
Las sufragistas, activistas que luchaban por el derecho al voto femenino, emplearon la huelga de hambre como forma de protesta. Cuando las autoridades detectaron estas huelgas, respondieron con la práctica de la alimentación forzada.
La alimentación forzada consistía en la inserción de tubos nasogástricos para suministrar alimentos y líquidos contra la voluntad de las detenidas. Esta medida, altamente controvertida, buscaba evitar que las manifestantes murieran de inanición, pero fue percibida como una violación de sus derechos y una forma de castigo.
En resumen, no fueron las propias sufragistas quienes se alimentaron a la fuerza; fueron las fuerzas policiales y penitenciarias las que impusieron este método para impedir que murieran de hambre.