Estados Unidos no permaneció neutral durante toda la Primera Guerra Mundial. Su política de neutralidad se mantuvo solo en los primeros años del conflicto.
En abril de 1917, tras la reanudación de la guerra submarina ilimitada de Alemania y la revelación del telegrama Zimmermann, el Congreso aprobó la declaración de guerra contra el Imperio Alemán, marcando la entrada oficial de EE. UU. en la contienda.