El 7 de diciembre de 1941, Japón atacó sorpresivamente la base naval de Pearl Harbor. Al día siguiente, Estados Unidos declaró la guerra al Imperio de Japón, marcando su entrada oficial en la Segunda Guerra Mundial.
Respuesta militar inmediata en el Pacífico
1. Contraataque aéreo a Japón
En los meses posteriores, la Marina y la Fuerza Aérea estadounidenses realizaron bombardeos sobre aeródromos y bases navales japonesas en el Pacífico central, intentando frenar la capacidad ofensiva del enemigo.
2. Batalla de Midway (junio de 1942)
Considerada el punto de inflexión del teatro del Pacífico, la Armada de EE. UU., bajo el mando del almirante Chester W. Nimitz, hundió cuatro portaaviones japoneses, debilitando gravemente a la flota imperial y poniendo en marcha la contraofensiva americana.
3. Campaña de “isla en isla” (island hopping)
La estrategia consistió en capturar islas clave—como Guadalcanal, Tarawa, Saipán y las Islas Marianas—para acercarse gradualmente al territorio japonés, cortar sus líneas de suministro y aislar sus guarniciones.
4. Bombardeos estratégicos sobre el Japón continental
A partir de 1944, aviones B‑29 llevaron a cabo intensos ataques nocturnos sobre ciudades industriales, bases militares y centros de transporte, reduciendo la producción bélica japonesa.
5. Uso de armas nucleares
En agosto de 1945, EE. UU. lanzó dos bombas atómicas: el 6 de agosto sobre Hiroshima y el 9 de agosto sobre Nagasaki. La devastación provocó la rendición incondicional de Japón el 15 de agosto y puso fin a la guerra.
Consecuencias
Estas acciones no solo permitieron a Estados Unidos revertir la situación estratégica en el Pacífico, sino que también sentaron las bases para la reconstrucción de la posguerra y el surgimiento de EE. UU. como potencia mundial.