Antecedentes
En 1798 y 1799, el Congreso de los Estados Unidos aprobó un conjunto de normas conocidas como las Leyes de Extranjería y Sedición. Surgieron en el contexto de la Revolución Francesa y el temor de que la influencia extranjera desestabilizara al joven país.
Ley de Extranjería
Permitía al presidente deportar a cualquier extranjero que se considerara una amenaza para la seguridad nacional.
Ley de Sedición
Tipificaba como delito la publicación de escritos “falsos, escandalosos o malintencionados” contra el gobierno o sus funcionarios.
Estas normas estaban dirigidas principalmente a los inmigrantes y a los partidarios de Francia, con el objetivo de silenciar la crítica y el disenso.
Reacción y legado
Las leyes fueron altamente impopulares, generaron fuertes debates sobre la libertad de expresión y los derechos de los extranjeros, y fueron derogadas en 1802.