Contexto de la Revolución
La Revolución Americana (1775‑1783) rompió con el sistema de clases británico y proclamó los principios de libertad e igualdad.
Desigualdades persistentes
Aunque la independencia eliminó la estructura de clases impuesta por Gran Bretaña, en la práctica siguieron existiendo profundas disparidades de riqueza y estatus social.
La esclavitud continuó legalmente en gran parte del territorio, manteniendo a millones de africanos y sus descendientes en condición de propiedad.
Las mujeres apenas tenían derechos civiles y políticos; no podían votar ni poseer propiedades de forma independiente.
Los pueblos indígenas fueron marginados, excluidos del nuevo contrato social y relegados a reservas.
Camino hacia la igualdad
La igualdad social plena no se alcanzó de inmediato. Fue necesario un largo proceso de luchas y reformas—desde el movimiento abolicionista y el sufragio femenino hasta la política de asentamiento y los tratados con naciones nativas—para ir reduciendo esas brechas.
Solo a lo largo de los siglos XIX y XX los Estados Unidos comenzaron a acercarse a una sociedad más equitativa, aunque la igualdad total sigue siendo un objetivo en construcción.