Benito Mussolini, líder fascista de Italia, entró en la Segunda Guerra Mundial con una serie de metas claras.
Expansión territorial
Mussolini quería ampliar el territorio italiano y recuperar zonas que consideraba parte del antiguo Imperio Romano, como áreas de los Balcanes y el norte de África.
Mayor prestigio e influencia
Buscaba elevar la posición internacional de Italia, convencido de que una victoria le convertiría en una potencia dominante en Europa y el Mediterráneo.
Beneficios económicos
Vio la guerra como una oportunidad para obtener recursos y materias primas de los territorios conquistados, reduciendo la dependencia de importaciones y fortaleciendo la economía nacional.
Objetivos ideológicos
El fascismo de Mussolini promovía el nacionalismo, el expansionismo y el poder autoritario. La guerra serviría para difundir los principios fascistas, impulsar la cultura italiana y crear un nuevo orden europeo bajo regímenes afines.
Venganza contra los Aliados
Alimentaba resentimiento hacia Francia y el Reino Unido por lo que percibía como una injusta distribución de los beneficios de la Primera Guerra Mundial. Consideraba que el Tratado de Versalles había sido desfavorable para Italia y buscaba revancha.