Un viaje al corazón del Huáscar
En 1996 el periodista Jaime Tipe Sánchez visitó el monitor Huáscar, aún desconocido para gran parte de la prensa y los peruanos. En el aniversario de la batalla de Angamos rescato la crónica de ese encuentro.
El Huáscar en Talcahuano
Al llegar a la Base Naval de Talcahuano, un marinero chileno nos acompañó mientras recordaba las lecciones de historia escolar. "Te sorprenderá lo joven que era", advirtió, una frase que se escuchaba a menudo en Santiago cuando se hablaba de visitar el legendario monitor.
El Huáscar, de 67 m de eslora y 11 m de manga, hoy es un museo flotante de la Segunda Zona Naval de Chile. Inaugurado el 8 de octubre de 1952 por el almirante Pedro Espina, quedó anclado en el arsenal de Talcahuano desde 1930, cuando dejó de servir como buque madre de la primera flotilla de submarinos chilenos.
Talcahuano, base naval donde descansa el Huáscar.
Tras una explosión de una tubería de vapor en 1901 que cobró la vida de 14 tripulantes, el buque quedó fuera de servicio varios años. A lo largo de sus 131 años de vida ha sobrevivido a 76 impactos de cañón en Angamos y a una conservación admirable que le valió el premio World Ship Trust en 1994.
Mantenimiento y leyendas
Mensualmente un equipo de buzos inspecciona el casco; bajo el mando del comandante Vicente Fontaine y el sargento Pedro Jaque Vera, seis marinos vigilan la nave. Historias de fantasmas y miradas nocturnas se mezclan con la rutina, como comenta el sargento Jaque Vera: "Algunas noches siento miradas clavadas en mi espalda".
Conmemoraciones
El 8 de octubre, día del homenaje a Miguel Grau y los héroes de Angamos en Perú, el monitor recibe a futuros suboficiales que juramentan en su cubierta. En Chile se celebra el Día del Suboficial Mayor. En mayo, el 21, fecha de la batalla de Iquique, se iluminan la cubierta en recuerdo de Arturo Prat. También se colocan luces en Fiestas Patrias (18 de septiembre) y Año Nuevo.
Visita al museo
El recorrido no sigue una ruta fija; la afluencia de público genera largas colas para entrar a la base naval. En la cubierta blanca, un sistema de sonido narra los hechos bélicos al ritmo de marchas militares. Tres monolitos marcan los lugares donde murieron Miguel Grau, Arturo Prat y el comandante Manuel Thomson.
Los impactos de Angamos se señalan con manchas rojas en la Torre de Cojes, reconstruida donde Grau perdió la vida. Diálogos entre visitantes revelan la sorpresa de muchos al descubrir que Chile y Perú estuvieron en guerra.
El lema inscrito en la popa
"El hombre honesto, leal y valiente inspira honor y orgullo a sus compatriotas. El traidor y cobarde es la deshonra de su patria"
Ese precepto guió a los tripulantes del Huáscar y aún hoy se lee con respeto. El sargento Jaque Vera afirma: "Sabemos cuánta sangre y sacrificio hubo en este barco; hubo heroísmo peruano y chileno que nunca se olvidará".
Las salas del Huáscar
En la cámara general de la tripulación se conserva la mesa original y los ganchos de los hamacas. Las paredes exhiben óleos que recuerdan combates de la Guerra del Pacífico, réplicas a escala del Huáscar y del Esmeralda, y la orden militar que Grau recibió el 15 de mayo de 1879, firmada por Don Domingo del Solar.
La Torre de Cojes alberga dos cañones pesados; sus paredes están recubiertas con corcho especial para evitar la corrosión.
La cabina del héroe Miguel Grau.
El antiguo depósito de carbón se ha convertido en altar donde, cada 20 de mayo, se celebra una misa en memoria de los caídos en Iquique. Junto a un crucifijo destaca el retrato de Arturo Prat.
En la cabina del gran almirante, restaurada recientemente, se retiró toda la pintura para revelar el color original del caoba. Un escritorio muestra la carta que Grau envió a la viuda de Prat tras Iquique, testimonio de su caballería.
El lecho, pequeño y cubierto por una colcha azul con ancla, y una brújula colgando del techo, recuerdan que era la habitación del comandante. Según el sargento Jaque, "Grau medía apenas 1,60 m, una estatura típica de la época".
Conclusión
Recorrer el Huáscar es respirar la historia de un episodio doloroso, indeleble y definitivo de nuestras naciones, flotando aún hoy en la bahía de Talcahuano.
Publicado en el Suplemento Domingo del Diario La República, 1996.