Durante más de dos siglos, el gobierno de los Estados Unidos arrebató sistemáticamente a los pueblos originarios una serie de derechos fundamentales, afectando su supervivencia y su identidad.
Derechos sobre la tierra
Mediante tratados injustos, leyes y la fuerza militar, se les quitó a los nativos millones de acres. La pérdida de territorios tradicionales les privó de recursos esenciales y de su modo de vida.
Derechos de caza y pesca
La caza y la pesca, bases de su alimentación y cultura, fueron restringidas por normativas que favorecían a colonos no nativos y a intereses comerciales.
Libertad religiosa
Las prácticas espirituales fueron reprimidas: se prohibieron ceremonias, se destruyeron lugares sagrados y se obligó a los niños a asistir a internados cristianos.
Prácticas culturales
El Estado intentó su asimilación prohibiendo el uso de lenguas, vestimentas y músicas tradicionales, forzando la adopción de la cultura dominante.
Derechos políticos
Hasta la década de 1920, a los nativos se les negó el voto y la posibilidad de ocupar cargos públicos, excluyéndolos del proceso democrático.