Como bastión de la industria armamentista alemana, Rostock se convirtió en un objetivo prioritario de los bombardeos aéreos durante la Segunda Guerra Mundial. A partir del 23 de abril de 1942, el centro histórico fue alcanzado por la lluvia de bombas, provocando la muerte de más de 200 personas.
El cambio de estrategia británica
Hasta 1940, los bombarderos británicos habían realizado ataques puntuales contra fábricas como Heinkel, Arado y el astillero Neptun, que abastecían a la Wehrmacht. En septiembre de 1941 otro bombardeo dejó más de 30 víctimas. Seis meses después, tras el ataque a Lübeck el 28 de marzo de 1942, la Royal Air Force adoptó la política de bombardeo de área, sin consideración alguna por la población civil. Así, entre la noche del 23 y el 27 de abril de 1942, el centro de Rostock se convirtió en el segundo objetivo de la llamada "area bombing directive".
Una ola de aviones británicos sobre la ciudad
En aquel momento, la ciudad hanseática contaba con unos 130.000 habitantes. Cuando sonaron las sirenas, la gente se refugiaba en los sótanos y en los escasos refugios antiaéreos. Pero la noche del 24 de abril la situación tomó una dimensión inédita: casi 150 bombarderos británicos sobrevolaron Rostock cargados de bombas de alto explosivo e incendiarias. En pocos minutos, la ciudad se vio asediada por una lluvia de explosivos que prendió fuego a numerosos edificios. Al día siguiente se constató que la mayor parte de las bombas había caído fuera del centro.
Más de 200 muertos y miles de desalojados
Los edificios centenarios, como la Petritor y la Petrikirche, resultaron gravemente dañados. En las noches siguientes los ataques se repitieron; casi 500 aviones arrojaron más de 100.000 bombas, alcanzando también el casco antiguo. Los equipos de bomberos no pudieron contener la conflagración, que se propagó de casa en casa, convirtiendo calles enteras en campos de ruina. Más de 200 personas perdieron la vida y miles resultaron heridas. El casco antiguo, a orillas del Warnow, quedó cubierto de escombros, con la torre de 48 metros de la Petrikirche como único vestigio que se alzaba entre las llamas.
Testimonio de Luise Utpatel
Luise Utpatel, residente de una casa de tejados a dos aguas en la actual Kröpeliner Straße, describió la pesadilla en una carta a su familia:
«Una detonación tras otra sacudía nuestra casa. Entre tanto, se escuchaban disparos de cañones antiaéreos pesados y ligeros. A la una y media sonó la alarma y el ataque continuó sin pausa. Varios hombres intentaron subir al piso de arriba para buscar bombas incendiarias, pero siempre tuvieron que volver al refugio antes de llegar al suelo, pues no había descanso.»
Los edificios más resistentes
El daño material fue incalculable. Aproximadamente 35.000 personas quedaron sin hogar, perdiendo sus pertenencias. Solo quedaron ruinas de construcciones como la Jakobikirche, el Tribunal Regional Superior, la puerta de piedra histórica, el teatro neobarroco, así como hospitales y escuelas. Al finalizar la guerra en 1945, alrededor de una cuarta parte de los edificios residenciales había sido destruida y más de la mitad estaba dañada. La iglesia más imponente del casco antiguo, la Marienkirche, sobrevivió prácticamente intacta.
Colapso de la infraestructura
Según el archivista municipal Karsten Schröder, la infraestructura quedó totalmente devastada: «En el último de esos cuatro días no había transporte local, suministro eléctrico, agua, telégrafo ni gas – este último era esencial en la época». Schröder considera que el bombardeo marcó un punto de inflexión cuya repercusión aún no se ha analizado por completo. Thomas Werner, del Oficina Cultural de Rostock, señala que la conmemoración debe reconocer tanto la pérdida de vidas y del patrimonio urbano como el sufrimiento humano.
Una visión historiográfica sesgada
Werner advierte que la interpretación actual es demasiado unilateral. Además de testimonios como el de Luise Utpatel, deberían incluirse relatos de personas como Grigory Serdyuk, un trabajador forzado ucraniano de 15 años en la fábrica de aviones Heinkel, que tras un bombardeo tuvo que cargar los cuerpos de sus compañeros en camiones porque se les negó el acceso a los refugios antiaéreos. «Muchos murieron porque buscaban refugio en refugios que no estaban preparados para esos ataques», explica Werner.
El objetivo estratégico de los bombardeos
Los ataques a Rostock no fueron accidentales. El 14 de marzo de 1942, el War Cabinet británico decidió intensificar la campaña de bombardeos, ampliando los objetivos a ciudades enteras. La intención era romper la resistencia de la población civil y, sobre todo, de los trabajadores industriales, según documentos británicos. Al final de la guerra, numerosas ciudades alemanas permanecieron devastadas por el bombardeo de área, una respuesta a los ataques aéreos alemanes contra ciudades británicas que comenzaron en 1940.
Calendario de los bombardeos de ciudades alemanas
28‑29 de marzo de 1942: Lübeck
23‑27 de abril de 1942: Rostock
30 de mayo de 1942: Colonia
24 de julio‑3 de agosto de 1943: Hamburgo
8‑9 de octubre de 1943: Hannover
22 de octubre de 1943: Kassel
26 de agosto de 1944: Kiel
15 de octubre de 1944: Brunswick
3 de febrero de 1945: Berlín
13‑14 de febrero de 1945: Dresde
8 de abril de 1945: Braunschweig